«Entrevista con Ana Trujillo y Edson Velandia»

Por: Oscar Heredia

 

 

¿Cuál fue la génesis o el proceso que dio pie para crear el Festival?

A.T. En 2016, Velandia y muchos otros músicos locales organizaron un evento que se llamó Música Pinga en la Minga, como una manera de apoyar la movilización popular y campesina que se estaba dando entonces. Se había programado un concierto en solidaridad con el paro, en La Lizama, cerca de Barranca, pero ese evento se frustró porque llegó el ESMAD (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) no se pudo hacer, pero quedó esa energía de la convocatoria, de la movilización y las ganas de tocar. Unos meses después de toda esa movida terminó naciendo el Festival de La Tigra. Se juntaron muchos procesos culturales que venían trabajando con cine y música, más la llegada de Sandy Morales quien es la productora del Festival, ella ayuda a organizar todas las convocatorias y hacer de ellas un festival. Yo llegué a vivir a Santander por esa época y venía de procesos de comunicación digital y periodismo cultural. En ese momento nos sentamos a crear y soñar junto a mucha más gente el primer festival que se hizo en enero del 2017.

E.V. Para esos días escribí unos artículos en el medio Las Dos Orillas, en esa época yo defendía la necesidad de que la protesta en Colombia se hiciera también con música, es decir, que en las movilizaciones y plantones se incluyera la música y el arte de manera más vertebral, más importante, con voces y maneras nuevas de manifestarse. Fue lo que finalmente sucedió con el paro, el cual tuvo mucho arte. Ese argumento que yo ponía en esos artículos, en últimas, también es el sustento del Festival, que es un Festival que no es la música por la música sino que es una movilización, ese es el punto de partida para que La Tigra naciera y hasta hoy lo sigue siendo ya que es una movilización cultural, una voz comunitaria que se manifiesta políticamente a través del arte.

¿De dónde surge el nombre del Festival y qué relación tiene con la banda Velandia y La Tigra?

E.V. Inicialmente parte de la idea de que es la banda Velandia y La Tigra la que sirve de anfitriona, pero es a la vez una manera de consagrar el encuentro a la hembra Jaguar que los campesinos y campesinas llaman Tigra, siendo un animal sagrado para las comunidades indígenas de América Latina, nuestros abuelos.

¿Qué papel cumple la Biblioteca comunitaria La Bellecera en el Festival?

A.T. La Bellecera no es que cumpla un papel especial en el Festival, es que son dos caras de un mismo proceso por decirlo así. La Bellecera fue una iniciativa materializada por el Festival y los muchos colectivos creativos que hacen parte, que logran el comodato de un edificio abandonado, se activan las donaciones de libros, amigos ayudaron hacer los estantes, se hizo un primer mural en la fachada y básicamente La Bellecera es la manera en que el Festival de la Tigra se alarga de una semana a todo el año. Siempre entendimos el festival como un proceso más que como un espectáculo. La Bellecera es el lugar donde acogemos varios laboratorios creativos como la orquesta, un grupo de guitarras, el coro infantil, la batucada infantil y la escuela de cine, entonces este espacio no es que cumpla un rol, surgió como parte de esos impulsos y fuerzas del Festival y ahora es una suerte de festival ampliado a todo el año.

¿Cuáles son los mayores desafíos que tiene el hacer un Festival como este?

A.T. El desafío año a año es mantenernos y seguir haciéndolo, gestionar los recursos necesarios, somos un festival independiente y colaborativo, hay una gran base comunitaria, toda la gente involucrada reconoce su valor y se entusiasma de hacer que suceda y sea real, pero esto requiere de diferentes recursos, de tiempo, energía y economía. Somos muy cuidadosxs con el tipo de financiadores que nos interesan, que estén alineados con nuestras apuestas vitales, éticas y políticas. También se aplica a recursos de convocatorias, se hace gestión directa con organizaciones afines con los valores y dinámicas que planteamos en el Festival, pero es sobre todo un ejercicio de colaboración alineando visiones y objetivos, es una gestión que se realiza todo el año y se materializa en el mantenimiento de La Bellecera y en las semanas de Festival. El desafío es mantenerse, insistir como escribió el artista Ezequiel Borra en su última visita, mantener la paciencia, la perseverancia y la constancia porque no le estamos apostando a la lógica del espectáculo sino a estos otros procesos que realmente germinan, que florecen y de los que entendemos su fuerza, belleza e importancia  con los años. Cada Festival es hermoso tiene el baile, el goce, el disfrute y el encuentro pero la gran apuesta es a los procesos de larga maduración.

¿Cuántas personas participan en la realización del Festival?

E.V. Somos un equipo de más de 30 personas quienes organizamos y más de mil los que lo producimos.

¿Cuál ha sido el papel de la comunidad de Piedecuesta en el Festival, como reciben esta celebración?

E.V. La primera comunidad que da origen al festival es la comunidad artística: musicxs, realizadores, poetas, gestores y gestoras. Nos convoca la necesidad de cultivar y cuidar los espacios de encuentro entre nosotrxs y la comunidad en general. Así es como la comunidad se reúne en el Festival con sus grupos, su voz en las asambleas, sus procesos de formación artística y su participación en general de todos los encuentros.

Sabemos que el Festival ha convocado a muchos artistas emergentes, ¿Qué significa para ustedes apoyar nuevas voces y verlas surgir a partir del Festival?

E.V. No ubicamos ese concepto “emergente” en el lugar de un joven músicx, ese rótulo obedece al universo de la industria musical. Tampoco entendemos nuestra labor como labor de “apoyo”, ese concepto impone una relación de poder que no pertenece a nuestro lenguaje ni a nuestra labor. Queremos que el Festival sea una reunión de las diversas voces, jóvenes y viejas, tradicionales y no tradicionales, que estén dispuestas a aportar a la construcción de una comunidad pacífica, creativa y solidaria.

¿Cómo pueden participar los y las artistas en los próximos festivales?

E.V. Ojalá con su presencia en los escenarios, si nuestra capacidad lo permite, y si no, en los espacios de conversación, en la producción general como voluntarios o como parte del público, cantando, bailando, escuchando y festejando.

¿Cuál ha sido el mayor orgullo del festival en estas nueve ediciones?

E.V. No es orgullo, nos sentimos felices de encontrarnos en comunidad y de cuidar los espacios creativos y de celebración.

¿Por qué el Festival de la Tigra es el más bello de la galaxia?

E.V. Porque es el nuestro.

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