«Iván Cepeda en Techotiba»![]()
Por: Laura María Rodríguez
Hoy, la mayoría de candidatos y candidatas a la Presidencia de Colombia están dispuestos a hacer cualquier cosa por subir en las encuestas de opinión y en redes sociales, para lo cual bailan, comen cuanto plato popular se les traviesa y se gastan estrambóticas sumas de dinero en vallas, publicidad y tarimas. Además, tienen como principio desacreditar a sus contendores, inventar cifras y gritar cualquier eslogan, creado por sus jefes de campaña, en plazas públicas.
Hasta el momento, solo Iván Cepeda ha mostrado una forma diferente de hacer política, su campaña ha sido austera, sus pronunciamientos en plaza pública han sido racionales, programáticos y se ha negado a asistir a debates, mientras no se den garantías de discusión por fuera de los insultos y las mentiras. Su agenda no está plagada de reuniones y eventos públicos, poco a poco recorre el país y asiste a plazas que históricamente no son habituales en las grandes campañas presidenciales, ha visitado no solo capitales, sino municipios mucho más pequeños como San Onofre, Sibundoy, Ipiales, Guachucal y Cumbal.
Su campaña en Bogotá no inició en la Plaza de Bolívar o en otros escenarios que seguramente garantizarían mucha más asistencia de los medios y de otros actores de la política nacional. Su campaña inició en la localidad de Techotiba, mal conocida como Kennedy, que tiene un valor simbólico, no solo porque es donde vivió buena parte de su niñez y juventud, sino también por la fuerza que representan en este territorio las organizaciones sociales y los diferentes sectores populares.
Fueron estas organizaciones y sus bases sociales quienes desde tempranas horas del 20 de enero del presente año comenzaron no solo a llegar, sino a convocar, perifonear y hacer pedagogía sobre la candidatura de Iván Cepeda a la presidencia. Allí convergieron esa diversidad de fuerzas populares y de generaciones que han luchado por la dignidad del país. Así se logró que no fuera solamente un espacio de desconocidos que van a escuchar a quien solo llega en elecciones, fue un escenario de soberanía popular para seguir construyendo nuevas apuestas y para escuchar a un compañero más, que ha sido cercano en importantes coyunturas nacionales como las movilizaciones por la defensa de los derechos humanos, el estallido social y la búsqueda de la dignidad de los pueblos.

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Iván, hijo de Techotiba
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Justamente, su discurso inició haciendo alusión a sus primeros pasos en la organización política y popular en la localidad: “Me siento a gusto de volver a estas calles y plazas, que recorrí una y otra vez cuando en mi condición de estudiante, en uno de los colegios de este sector, al terminar las clases, salíamos con mis compañeras y compañeros a trabajar con la gente en los barrios populares, a hacer labor política o a protestar en la movilización por cada una de las tantas injusticias y necesidades que tenía y tiene la población de esta gran ciudadela de nuestra capital.
Kennedy fue para mí la escuela de mi primera formación política, de mi sensibilidad hacia los sectores populares, las comunidades y sus padecimientos, las luchas cotidianas por la dignidad. Por eso, siempre recuerdo con alegría y diría con nostalgia, esas primeras luchas que marcaron definitivamente mi existencia y sensibilidad política.
En estas calles aprendí el significado real de la palabra solidaridad, del coraje para asumir posiciones de confrontación al poder autoritario, del compromiso con el pueblo, de la generosidad y la grandeza que requieren la búsqueda del cambio real de nuestra sociedad.
Este fue el territorio en el que venimos a vivir con mi familia, luego de que mis padres vivieran en el barrio Policarpa Salavarrieta junto a los campesinos venidos del desplazamiento por la violencia de los años 60. Este fue el territorio también donde en una de las grandes avenidas, en la mañana del 9 de agosto de 1994, un grupo mixto de militares y paramilitares asesinaron a mi padre, el senador de la República, Manuel Cepeda Vargas, como parte del genocidio contra la Unión Patriótica. Un crimen contra la humanidad que marcó la vida política de este país y convirtió la defensa de derechos humanos, la búsqueda de la verdad y la justicia en ejes irrenunciables de mi vida política.
Así que tengo una deuda con Ciudad Kennedy, con su gente, con sus barrios populares, con sus organizaciones y comunidades, que no olvidaré cuando el próximo 7 de agosto asuma el cargo de presidente de la República y jefe de Estado”.

Aunque muchos hayan olvidado o incluso desconozcan ese duro capítulo de la realidad colombiana, ese momento que menciona Iván Cepeda, el de su juventud, fue uno de los más violentos de la historia del país, marcado por el exterminio de la Unión Patriótica, partido al cual pertenecía su padre, quien, como lo mencionó, al momento de su asesinato se desempeñaba como senador de la República y había comenzado un debate sobre la aplicación del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto armado colombiano. También fue periodista y director del periódico Voz; artista plástico, en cuyas obras plasmaba la realidad de las clases populares, esas que habitaban la localidad y que se expresaban en las calles y en la plaza de Corabastos.
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Iván Cepeda, un candidato que conoce la historia del país
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Cepeda tiene 63 años, nació el 24 de octubre de 1962. Estudió Filosofía en la Universidad San Clemente de Ohrid, en Sofía, Bulgaria, y se especializó en Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Católica de Lyon, Francia.
En 1994 creó la Fundación Manuel Cepeda para esclarecer el crimen de su padre. En el año 2010, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por el asesinato del entonces senador Manuel Cepeda por la violación de los derechos a la vida y la integridad, al considerar que su asesinato fue perpetrado por una estructura criminal compuesta por agentes estatales y grupos paramilitares, en el marco del patrón sistemático de violencia contra los integrantes de la Unión Patriótica.
Como activista y defensor de derechos humanos en el año 2003, Iván Cepeda contribuyó a la creación del Movimiento Nacional de Víctimas de Crimen de Estado (MOVICE) proceso organizativo en el que confluyen más de 200 organizaciones de víctimas de desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, asesinatos selectivos y desplazados, así como organizaciones acompañantes y defensoras de derechos humanos. En este proceso de investigaciones y defensa de las víctimas se acercó a procesos de investigación en contra de Álvaro Uribe Vélez, lo que lo llevaría años después a un proceso judicial de más de una década en su contra.
Desde el 2010, comenzó su periodo como congresista. Primero, como representante a la Cámara por Bogotá y luego, en tres periodos como senador, desde 2018 hasta 2026, de los partidos Polo Democrático Alternativo y Pacto Histórico.
Su trabajo en el Congreso se caracterizó principalmente por el control político sobre temas como el despojo de tierras, la situación del sistema penitenciario, la violencia sexual contra las mujeres en el conflicto armado, las estructuras paramilitares en el departamento de Antioquia e investigaciones directas en contra del expresidente Álvaro Uribe Vélez y su responsabilidad en la conformación de dichas estructuras, tanto cuando fue gobernador de Antioquia, como durante la presidencia.

También se destaca su participación en los procesos de paz, por un lado, en el Acuerdo de Paz con las Farc en el gobierno de Juan Manuel Santos y el proyecto de Paz Total del actual presidente Gustavo Petro.
Además, de su lucha por la paz, el esclarecimiento de la verdad y la búsqueda de la justicia en el país, es quizás el proceso en contra del expresidente Álvaro Uribe el que mayor protagonismo le ha dado en los últimos años.Principalmente, porque después de la pandemia todo el proceso fue transmitido virtualmente y retransmitido por los medios de comunicación a nivel nacional. En este proceso se evidenció su capacidad argumentativa y serenidad, teniendo en cuenta que se enfrentaba a una de las figuras más fuertes de la política nacional. No obstante, el proceso siguió y en primera instancia, en julio de este año, Uribe fue hallado culpable de soborno y fraude procesal y condenado a 12 años de cárcel. Un mes después, en segunda instancia, el Tribunal Superior de Bogotá, lo absuelve. Hoy, las víctimas y la Fiscalía se encuentran a la espera de la respuesta de la Casación contra la absolución del expresidente.
En cualquier caso, para la opinión pública Uribe resultó culpable en el proceso, a pesar de los favorecimientos posteriores.
Sobre qué le propone Iván al país, quizás lo primero sea su evidente trayectoria y compresión de la complejidad histórica de la nación. Cepeda no es un candidato salido de la nada y su propuesta de Gobierno puede darle continuidad a una apuesta de Cambio que ya viene caminando desde hace 4 años y que ha demostrado que el equilibrio económico y comercial del país no tiene que sacrificar la calidad de vida de los sectores populares: “Venimos a profundizar las reformas y acelerar las transformaciones sociales que el país clama con urgencia. El nuestro será un gobierno que impulse, como lo he dicho, tres grandes revoluciones para hacer irreversible el cambio social. La revolución ética, para contrarrestar y liquidar la corrupción, la impunidad y el uso privado del Estado y los recursos públicos. La revolución social y económica, para garantizar justicia social, redistribución de la riqueza y prosperidad para todos. La revolución política y democrática, para ampliar definitivamente la participación ciudadana y devolverle al pueblo el poder constituyente”.
