«La Pax al estilo norteamericano»

Por: Jonathan Jiménez Peñuela 

 
 
 

Desde el punto de vista económico, el poder del imperio se hizo efectivo mediante la recaudación fiscal y la transferencia de recursos desde las provincias hacia el centro político y administrativo de Roma, imponiendo una carga tributaria que en la mayoría de los casos resultó gravosa para la población sometida. Asimismo, la explotación de recursos naturales presentes en los territorios anexados benefició principalmente al corazón del imperio antes que a las provincias productoras. De igual manera, en el ámbito económico, la Pax Romana favoreció la unificación del mercado a la vez que permitió un control imperial monetario.

En el plano jurídico se puede afirmar que facilitó la expansión y la aplicación relativamente uniforme del derecho romano en la diversidad de territorios del imperio, lo cual favoreció una tradición jurídica que influiría con posterioridad en un amplio número de legislaciones contemporáneas. En este marco, el emperador se consolidó como fuente principal del derecho promulgando constituciones imperiales y haciendo prevalecer su autoridad por sobre la del Senado. Cabe señalar también la clara diferenciación jurídica entre los ciudadanos romanos y aquellos que no lo eran, estableciendo una jerarquía de privilegios que beneficiaban a quienes pertenecían directamente a la matriz del imperio.

Roma como imperio perduró durante siglos y para ello se dotó de un conjunto de instituciones que garantizaron la estabilidad tanto política como administrativa, una de estas instituciones fue el ejército que mediante el uso de la fuerza garantizó la cohesión. La sujeción de las provincias que se integraban al imperio no se sucedía en la mayoría de ocasiones por propia voluntad, sino mediante la imposición que el ejército romano llevaba consigo. En este sentido, la Pax Romana no puede comprenderse sin el uso efectivo de la fuerza, uso que por lo general tendría que haber sido desproporcionado dado el tamaño del imperio en contraste con las provincias a anexionar. Ello aseguró el sometimiento y la disuasión de los territorios anexados, permitiendo la estabilidad interna.

¿Cómo mantener la paz en la actualidad? Cabe hacerse esta pregunta bajo el panorama que es evidente dentro del influjo amenazante de una potencia, que al igual que el Imperio romano, pretende hacerse del mundo conocido. Una potencia que no obsta en hacer uso de la fuerza, sin importar que ello acarree claramente violaciones a los derechos humanos, contravenciones al derecho internacional, en general bajo un desconocimiento de tales factores, puesto que la potencia imperial considera que es quien debe dictar y tiene en sus manos un amplio número de estados bajo su orbe.

La caracterización del imperialismo que desarrolla el historiador Eric Hobsbawm se fundamenta en la capacidad de las grandes potencias para ejercer control sobre territorios sin administrarlos directamente ni intervenir en su organización política o social. Se trata de una forma de dominación que se centra meramente en el ámbito económico, dado que el interés imperial radica en el acceso y aprovechamiento de los recursos no solo naturales, sino también estratégicos o comerciales que dichos territorios pudieran representar para la potencia imperial, con relativa indiferencia en relación a las ideologías locales.

Todo ello trae a la memoria los eslóganes que George Orwell imaginó en la novela 1984: “La guerra es la paz”, “la libertad es la esclavitud” y “la ignorancia es la fuerza”. En este sentido, algunas de las instituciones estadounidenses bajo influencia de la Casa Blanca parecen operar bajo lógicas similares, proyectando en el presente una versión contemporánea de la Pax Romana. Ello se evidencia en el uso de la fuerza como mecanismo de legitimación política, a pesar de los esfuerzos que la comunidad internacional ha desarrollado históricamente para preservar la paz en el planeta. De igual manera en el plano de lucha contra las drogas, las operaciones militares contra embarcaciones en aguas y territorios que no forman parte del imperio, o que, perteneciendo a su influencia, intentan desafiar el curso que la potencia imperial pretende imponer.

Desde el plano económico, es claro cómo las políticas arancelarias promovidas desde Washington funcionan como mecanismo de presión y control sobre aquellas naciones que no se alinean de manera obediente a los intereses del imperio. Tal dinámica es la confirmación del carácter imperialista que adopta Estados Unidos en la actualidad, exhibiendo sin mayores reservas los intereses estratégicos que determinados territorios representan. En este sentido, se deja de lado discursos centrados en la defensa de derechos humanos para dar lugar a la defensa explícita de recursos y áreas de influencia, por ejemplo, el interés manifiesto por el petróleo venezolano, o el área o zona de influencia que representa Groenlandia en su política estratégica frente a otras potencias, mostrándose el mandatario estadounidense como el emperador que dicta sus propios edictos e instaura el modelo de Pax al estilo norteamericano.

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