«VPH»      

Cuando el silencio también enferma

Por: Valentina Marín Gómez

 

 

Este artículo nace desde lo personal, pero también desde lo colectivo. Hablar del Virus del Papiloma Humano (VPH) no es solo hablar de un virus: es hablar de silencios, de desinformación, de miedos heredados y de un sistema de salud que muchas veces llega tarde. Esta historia comienza con mi mamá, pero podría ser la de muchas mujeres que atraviesan procesos médicos sin información clara, sin acompañamiento suficiente y con una carga emocional que pocas veces se nombra.

Cuando el diagnóstico llega sin explicación

Hace dos años comenzó el proceso médico de mi mamá. Todo inició con una citología de rutina, de esas que se hacen casi por costumbre, sin entender del todo su importancia. En una consulta posterior le informaron que tenía VPH y que presentaba una lesión de bajo grado, clasificada como NIC I. En ese momento, el diagnóstico no parecía alarmante. El lenguaje médico fue breve, poco explicativo, y nos quedamos con la idea de que era algo manejable, casi pasajero.

Le indicaron que debía realizarse una conización, un procedimiento que —según lo poco que entendimos— permitiría retirar la lesión y cerrar el proceso. Sin embargo, esa llamada nunca llegó. El procedimiento se fue aplazando, los meses pasaron y el seguimiento se perdió entre trámites, citas aplazadas y silencios institucionales. El proceso se pausó sin que ninguna de nosotras dimensionara las consecuencias de esa espera.

Cuando finalmente retomamos el proceso, tuvimos que empezar desde cero: exámenes nuevos, valoraciones nuevas, citas nuevas. El cuerpo no esperó. El diagnóstico cambió. La lesión había avanzado a NIC III. Esta vez sí lograron realizar la conización, acompañada de un legrado. Pensábamos que era un procedimiento sencillo, casi rutinario, pero desconocíamos algo fundamental: la conización también es una biopsia.

Fue en ese resultado donde entendimos la gravedad del asunto. El VPH había avanzado y el siguiente nivel ya no era una lesión precancerosa controlable, sino el riesgo de un cáncer invasivo. El miedo apareció con fuerza, acompañado de culpa, rabia y muchas preguntas sin respuesta. Hoy estamos a la espera del llamado para una histerectomía, una cirugía que busca frenar el avance antes de que sea demasiado tarde.

El VPH: lo que creíamos saber

Yo creía saber qué era el VPH. Recordaba vagamente que en el colegio lo mencionaron como una enfermedad de transmisión sexual. Nada más. Nunca fue una conversación profunda, ni constante, ni clara. No sabía que el virus podía permanecer dormido durante años, que podía activarse incluso después de ocho o más años de una relación sexual estable, ni que los hombres también lo portan y lo transmiten.

Tampoco sabía que el VPH podía desencadenar un cáncer de cuello uterino. Nadie nos explicó eso con palabras simples. Nadie nos dijo que no era solo “un virus más”, ni que el cuerpo podía cambiar en silencio mientras una seguía con su vida cotidiana. El desconocimiento nos dio una falsa tranquilidad, una sensación de control que nunca existió.

Lo que debemos saber: entender el VPH y su relación con el cáncer

El Virus del Papiloma Humano no es un solo virus, sino un grupo de más de 200 tipos diferentes. Algunos se consideran de bajo riesgo y otros de alto riesgo. Estos últimos pueden causar cambios celulares en el cuello uterino que, si no se detectan y tratan a tiempo, pueden evolucionar a cáncer.

Según la Organización Mundial de la Salud, casi el 95% de los casos de cáncer de cuello uterino están relacionados con infecciones persistentes por VPH. Esto no significa que todas las personas con VPH desarrollen cáncer, pero sí evidencia que la persistencia del virus sin control médico puede tener consecuencias graves.

Las lesiones precancerosas, como NIC I, II o III, son una oportunidad de intervención temprana. En estas etapas, los tratamientos pueden evitar que el daño avance. Por eso las citologías, las pruebas de VPH y los controles periódicos son herramientas fundamentales de prevención y cuidado.

El problema no es solo el virus, sino la falta de información clara, el acceso limitado a controles y el silencio que rodea estos diagnósticos. Cuando no se entiende el riesgo, no se actúa a tiempo.

De una citología rutinaria a la ruta oncológica

Nunca entendimos la importancia real de una citología hasta hoy. Lo que empezó como un examen preventivo terminó convirtiéndose en citas con oncología, en palabras difíciles de pronunciar y en una incertidumbre constante sobre el futuro.

Aunque mi mamá no tiene un diagnóstico de cáncer invasivo, ya estamos dentro de la ruta oncológica. Estar en esta ruta implica miedo, espera y una carga emocional que se siente incluso antes de que exista un diagnóstico definitivo. El cuerpo empieza a vivirse distinto cuando el riesgo es real, aunque el diagnóstico aún no lo sea.

La culpa, el sistema y el silencio

Hace dos años dejé sola a mi mamá en este proceso. El desconocimiento me hizo pensar que no era grave, que se pasaría con medicamentos. Ella nunca tuvo a tiempo el último procedimiento que, según muchos estudios, permite que la mayoría de las mujeres no tengan que avanzar hacia la extracción del útero.

A veces me pregunto si fue culpa del sistema de salud o si nosotras no insistimos lo suficiente. La respuesta duele porque es un poco de ambas, pero también hay un tercer elemento: la falta de educación y la vergüenza de hablar del VPH.

A mi mamá le daba pena hablar del tema. Yo desconocía completamente las enfermedades que pueden atravesar nuestros cuerpos solo por ser mujeres. Fue entonces cuando, junto a mi hermana, decidimos acompañar el proceso. No porque mi mamá no pudiera sola, sino porque las tres desconocíamos nuestro cuerpo, nuestros derechos y las vergüenzas silenciosas que cargamos.

Lo que hombres y mujeres deben saber del VPH

El VPH no es solo un tema de mujeres. Los hombres también lo portan y lo transmiten, muchas veces sin presentar síntomas. La falta de información masculina también perpetúa el contagio y el silencio.

Cinco cosas que las mujeres deben saber:

 

1. El VPH puede no presentar síntomas durante años.

2. Una citología puede detectar lesiones a tiempo.

3. El virus puede permanecer latente y activarse después.

4. Las lesiones precancerosas sí se pueden tratar.

5. Hablar del tema también es una forma de cuidado.

Cinco cosas que los hombres deben saber:

1. También son portadores del VPH.

2. Pueden transmitirlo incluso sin síntomas.

3. La vacunación también es para ellos.

4. El condón reduce riesgos, pero no elimina el contagio.

5. Informarse también es una responsabilidad.

Vacunarse y prevenir: cuando la salud es un privilegio

Comenzamos a buscar jornadas de vacunación. Descubrimos que las campañas gratuitas cubren solo ciertas edades y que, fuera de ellas, el acceso se vuelve limitado. Los precios de la vacuna pueden superar los $400.000 pesos colombianos por dosis, convirtiendo la prevención en un privilegio.

La vacunación, los controles médicos y la información siguen siendo las herramientas más eficaces para prevenir el cáncer de cuello uterino. Sin embargo, no todas las personas pueden acceder a ellas con facilidad.

Hoy seguimos esperando la cirugía de mi mamá. Sabemos que traerá consecuencias físicas y emocionales, pero también sabemos que es la forma más rápida y eficaz de evitar un cáncer.

Escribo este artículo porque al hablar del tema, muchas mujeres comenzaron a decir: “a mí también me pasó”, “estoy en exámenes”, “mi familiar pasó por lo mismo”. Resulta que somos muchas viviendo procesos similares en silencio.

Informarnos, hablar, acompañarnos y exigir una atención oportuna no es solo prevención: también es una forma de sanar colectivamente.

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