«Agua ¿Vida o mercancía?»

Por: Luis Eduardo Tiboche

 

 

Un poco más de 2 meses han transcurrido desde la realización de la Audiencia Pública convocada por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), para establecer la viabilidad de prorrogar o no la concesión de aguas a la sociedad Industria Nacional de Gaseosas S.A.S. – INDEGA S.A.S, y aún la Corporación no da resultados públicos al respecto.

En esta Audiencia realizada el día 15 de mayo del 2025, en el municipio de La Calera, Coca Cola desarrolló una acción bastante agresiva al llenar parte del escenario con una barra conformada por trabajadores de su empresa que buscaron acallar las voces críticas, para que solamente quedara el relato de la transnacional como benefactora de la comunidad y protectora de la naturaleza.

INDEGA S.A.S. que se presenta como “industria nacional” es la embotelladora de agua en Colombia para la transnacional Coca Cola y su producto más conocido, que se vende en tiendas y mercados de todo el país, es Agua Manantial.  Dicha concesión a la transnacional fue otorgada en 1984 y ha sido renovada cada 10 años, extrayendo miles de litros de agua por día. La autorización de la concesión es de 3.23 litros por segundo y la comunidad asegura que la explotación es de hasta 22 litros por segundo.

Los habitantes del municipio de La Calera y diferentes organizaciones sociales, ambientales y comunidades indígenas exigen a la CAR suspender de manera inmediata la concesión para la extracción y embotellamiento de aguas subterráneas ante la carencia de estudios técnicos independientes y la creciente afectación que en lo ambiental, social e hídrico sufre el municipio y que repercute en la Sabana en general y en Bogotá en particular.

Los resultados y las decisiones que se tomen por parte del ente ambiental son importantes no solamente para las comunidades campesinas y étnicas del municipio de La Calera, sino para todos quienes habitamos esta gran geografía. 

El Agua como mercancía

El capitalismo y su modelo de producción contamina el agua en sus fuentes naturales, las cuales convierte en vertederos de todo tipo de residuos urbanos, industriales y agroindustriales. Además, el capital hace del agua una mercancía a través de empresas transnacionales y nacionales, las cuales la empacan y embotellan en sus fuentes naturales, como el mencionado caso de Coca Cola, con el supuesto que es más pura y beneficiosa para la salud de los consumidores y de paso excluyendo a millones de seres humanos del consumo del líquido vital.

Del 100% del agua que se potabiliza a nivel global, solamente el 22% se utiliza para el consumo humano, el resto se utiliza para lavar carros, ropas, fachadas y diversos procesos industriales.

La cantidad de agua utilizada para mantener el modelo actual de producción y consumo, conocido como la “huella hídrica” es enorme. Se calcula, por ejemplo, que para producir 1 kilo de carne de res se usan 15.000 litros de agua, 1 kilo de arroz 2.500 litros de agua, 1 celular requiere 13.000 litros de agua y 1 camiseta de algodón 2.500 litros de agua y así podríamos enumerar hasta el infinito.

La sociedad de consumo y del despilfarro es una rueda loca que presiona cada día a un círculo de compre, consuma y deseche. Las mercancías se convirtieron en los dioses de la época y las humanidades en grandes rebaños que se reúnen en centros comerciales y grandes plataformas, que son los templos en los que compran, o al menos sacian la necesidad de consumir.

La crisis climática

El capitalismo y su matriz de producción anclada en las energías fósiles ha ido conduciendo al planeta a una crisis sin salida, crisis que amenaza la vida en su conjunto incluyendo a la especie humana.

La crisis climática generada por este modelo de producción capitalista está incidiendo de manera sustancial en la crisis del agua a nivel global y entre otros factores importantes de mencionar, resaltaremos los siguientes:

  • Se está produciendo un ciclo de mayores precipitaciones e inundaciones catastróficas, de sequías y aumento del calor, generando procesos acelerados de contaminación del agua por diversos patógenos.
  • Estos cambios drásticos en el clima global generan un creciente peligro a los ecosistemas globales de bosque, pantanos y humedales generando una pérdida acelerada de biodiversidad.
  • El modelo global de producción está generando un quiebre en los sistemas y suministros de agua para la producción de alimentos, agricultura y pesca.
  • Se acelera el crecimiento de las zonas áridas en diferentes áreas del planeta.
  • Los glaciares iniciaron ya hace unas décadas un continuo proceso de deshielo con la consecuente afectación de los sistemas hídricos de las zonas de montañas y llanuras. Aquí, vale la pena mencionar, que la alarma se prende sobre todo para ciudades costeras, no para las comunidades que tradicionalmente han vivido en las zonas costeras.
  • La privatización del Agua y el negocio en manos de transnacionales, como la Suez Vivendi y Veolia de origen francés. La primera, asesora de Planes de Manejo Integral del Agua en varias zonas de la costa atlántica, planes impuestos por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo que han generado un alto endeudamiento de los acueductos de las ciudades y municipios en esta región.

Los límites ecológicos y biofísicos del planeta se empiezan a sentir con la aceleración de la crisis climática global y todo esto trae aparejado un apresurado proceso de desigualdad social. Las guerras y genocidios cometidos hoy por el poder global, en parte tienen que ver con este tema de los recursos de los pueblos y entre ellos el agua es un bien estratégico para el poder.

Colombia es el sexto país con mayor riqueza hídrica en el planeta, sin embargo y según cifras de la FAO, más de 33 millones de personas habitan en zonas críticas de desabastecimiento de agua. En esas zonas se ubican el 68% de los embalses que producen la energía del país y económicamente generan el 52.6% del PIB nacional.  Pero la pobreza y la exclusión siguen avanzando.

Ante este panorama el Agua como un bien común

La relación que los pueblos y comunidades originarias han tenido con el agua ha sido de profunda armonía al igual que con la naturaleza y se contrapone radicalmente a la imposición del modelo capitalista y su modo de producción.

El agua debe ser un bien común, gestionado desde las comunidades y el Estado, ya que su esencia es la vida, lo cual se opone a convertirla en una mercancía para el negocio. Han sido principalmente las comunidades campesinas, quienes desde hace varias décadas se han organizado y realizado acuerdos comunes para la consecución y el acceso al agua para sus miembros, avanzando en mecanismos de gestión integral, comunitaria y ambientalmente sostenibles, además de afianzar la identidad cultural de las poblaciones en torno al agua, esa es, en esencia, la filosofía que mueve los acueductos comunitarios.

Hoy, desde el Plan de Desarrollo Nacional (PND) se plantea que el ordenamiento de los territorios se debe desarrollar en torno al agua y en consonancia con ello, se prioriza su derecho y el derecho al alimento. Desde el Mandato Popular por la Soberanía Alimentaria de Bogotá y Cercanías hemos acogido lo planteado por el PND y en ese acuerdo entendemos que somos las comunidades quienes desde nuestros saberes, cultura y autonomías territoriales debemos proteger los ecosistemas y el agua como fundante de la vida y como un bien común, en contra de toda pretensión de mercantilizarla y negar a las comunidades su acceso.

Los escenarios de movilización y acción popular nos deben conducir a acciones concretas que generen una conciencia colectiva para que no se compre agua embotellada de ninguna marca. Exigir al Gobierno nacional y distrital revocar de manera urgente e inmediata todas las concesiones de estas transnacionales y asumir la defensa del agua como un bien común al servicio de la vida en el planeta.

¡Es una tarea y acción de todas y todos!

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