«Editorial»

Por: El Callejero

 

 

Cuando el mundo puso sus ojos en Gaza, millones de personas se movilizaron en todos los continentes exigiendo el cese del genocidio contra el pueblo palestino. La transmisión en vivo y en directo del asedio, la violación de los derechos humanos y el cerco humanitario —que en su última fase comenzó a negar el acceso a la alimentación, al agua y a las medicinas, además de asesinar a sangre fría a quienes intentaban acceder a ellas en filas interminables— hizo que se comenzara a fraguar una iniciativa humanitaria para que salieran diferentes flotillas e ingresaran a Gaza a llevar ayudas y romper el cerco. Sin embargo, las tropas israelíes lo impidieron y retuvieron durante varias horas a las y los defensores de derechos humanos que iban en ellas.

Aunque no fue posible el ingreso a Gaza, era muy evidente que mantener la situación como estaba era imposible, no solo por la retención de las flotillas, sino también por la represión en el mundo occidental, principalmente Estados Unidos y Europa. La solución llegó como una bomba de silencio que hoy cubre al pueblo palestino y vino impuesta desde los Estados Unidos, cuando su presidente Donald Trump persuadió a Netanyahu y al mundo árabe de aceptar un supuesto Plan de Paz de veinte puntos en el que se plantea: la desradicalización de Gaza; su reurbanización; el cese de la guerra condicionado a la entrega de rehenes, tanto israelíes como palestinos; el desarme de Hamás; la reanudación de la entrega de ayuda humanitaria; la rehabilitación de la infraestructura (agua, electricidad, alcantarillado) y de los hospitales y la apertura del cruce de Rafah. Hasta ahí todo dentro de los parámetros “normales”.

Es desde el punto nueve donde ya se enunciaba lo que fue ratificado hace pocos días en la Cumbre de Davos y es la creación de una “Junta de Paz” o “Consejo de Paz” como un organismo liderado por Estados Unidos que asumiría plenos poderes legislativos, ejecutivos, judiciales y financieros durante un “período de transición”. Lo que se aceptó en este punto del acuerdo y que pareció pasar desapercibido fue: 

“Gaza será gobernada por un comité palestino tecnocrático y apolítico, responsable de la gestión diaria de los servicios públicos y municipalidades para la población de Gaza. Este comité estará integrado por palestinos cualificados y expertos internacionales, bajo la supervisión de un nuevo organismo internacional de transición, la “Junta de Paz”, presidida por el presidente Donald J. Trump, y cuyos miembros y jefes de Estado se anunciarán próximamente, incluido el ex primer ministro Tony Blair. Este organismo establecerá el marco y gestionará la financiación para la reurbanización de Gaza hasta que la Autoridad Palestina complete su programa de reformas, tal como se describe en diversas propuestas, incluyendo el plan de paz del presidente Trump de 2020 y la propuesta franco-saudí, y pueda retomar el control de Gaza de forma segura y eficaz. Este organismo se basará en los mejores estándares internacionales para crear una gobernanza moderna y eficiente que sirva a la población de Gaza y favorezca la atracción de inversiones”.

Dropsite News publicó hace apenas dos días el borrador de la resolución de la “Junta” que pone a Trump como presidente y cuya Junta Ejecutiva tiene el poder de “promulgar nuevas leyes, modificar o derogar anteriores leyes civiles y penales en Gaza”.

La resolución enumera a los nueve miembros de la Junta Ejecutiva: siete que ya fueron anunciados por la Casa Blanca el 16 de enero: el secretario de Estado, Marco Rubio; el enviado especial, Steve Witkoff; el ex primer ministro del Reino Unido, Tony Blair; el yerno de Trump, Jared Kushner; el empresario, Mark Rowan; el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga y el asesor adjunto de Seguridad Nacional, Robert Gabriel. Los dos nuevos nombres revelados en el documento son la jefa de gabinete de Trump, Susan Wiles, y Martin Edelman, un abogado de bienes raíces y asesor especial del gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. Y dos más que no han sido nombrados públicamente.

Según el documento, Trump, además de ser el presidente, es la autoridad final sobre todas las decisiones relacionadas con Gaza, incluida la aprobación de comandantes militares de una llamada Fuerza Internacional de Estabilización y la ratificación de cada resolución.

En el nivel inferior de la estructura está el Comité Nacional para la Administración de Gaza, integrado por palestinos sin capacidad de decisión, limitado solo a funciones técnicas bajo la supervisión directa internacional.

Pero la injerencia no quedará solo ahí, retomando el Plan, el punto diez plantea que se creará un plan de desarrollo económico de Trump para reconstruir y revitalizar Gaza. El punto once, en la misma línea, establece una zona económica especial con tarifas preferenciales y tasa de acceso que será negociada con los países participantes. Estados Unidos colaborará con sus socios árabes e internacionales para desarrollar una Fuerza Internacional de Estabilización (FIS) temporal que se desplegará de inmediato en Gaza. Y se niega la participación de Hamás en cualquier escenario de reorganización del Estado palestino, cuya soberanía evidentemente queda en manos de fuerzas extranjeras.

La pregunta es si esta misma “Junta de Paz” que viene a cumplir funciones ejecutivas, legislativas y oficiales en Palestina no terminará gobernando en otros territorios ocupados como Venezuela, Groenlandia y cualquier lugar del mundo donde el imperio quiera extender sus garras.

Sobre el imperialismo y la resistencia de los pueblos trata esta edición.

 

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