«Festival de la Tigra 2025»![]()
Por: Oscar Heredia
Este texto es un humilde reportaje, un pequeño esbozo de la visita de este reportero comunitario a un festejo que se da cita en Piedecuesta, Santander, desde hace nueve ediciones. El carnaval más bonito de la galaxia, el Festival de la Tigra, donde Piedecuesta Ruge, canta, baila y acoge a un cúmulo de artistas de diferentes disciplinas para que juntos compongan una diversidad de talleres, charlas, murales y, por supuesto, presentaciones de cine, mapping, danza, poesía y música de distintos géneros y latitudes del continente, lo que hace de este encuentro un carnaval comunitario digno de visitar y bailar.
Si no fuera por mi intervención artística en esta novena edición, un mural que logré pintar gracias a la gestión de una colega que me encontré después de muchos años y la recepción y acogida de las compañeras encargadas de los y las artistas visuales; mi paso estaría compuesto por la mera asistencia, como cualquiera de los y las mortales que vienen al rito comunitario que compone la variada programación de este colorido Festival. Como primero es mi primaria, asistí a un taller de máscaras con mi hija, este fue en la Biblioteca La Bellecera, un espacio que yo ya había visto alguna vez en redes sociales, pero la esterilidad de los medios actuales no le hacen justicia, si el Festival es el más lindo de la galaxia es sin lugar a dudas orquestado por esta hermosa biblioteca comunitaria, la cual está vestida por murales en su exterior y sus entrañas están llenas de libros, instrumentos y poesía que, sin lugar a dudas, han hecho del barrio Cabecera en Piedecuesta un lugar donde la comunidad es abrazada y recibida gracias a la diversidad de talleres que ofrecen y a las colectividades artísticas que se han ido conformando y que construyen un tejido artístico y comunitario digno de replicar en diversas galaxias nacionales.
Este texto es una mirada superficial al Festival ya que no me atreví a interrumpir con entrevistas o indagaciones profundas la dinámica de las personas encargadas de este estallido cultural, la dimensión de la labor que realizaron los y las organizadoras hacía que el ejercicio periodístico fuera un trabajo de observación participante no intrusivo, no solo por el hecho de llegar de colado, sino porque este método me daría una mirada desde el público, del participante de a pie que recibe todos los beneficios, todas las atenciones y espectáculos gratuitos que este carnaval de colores y sabores musicales brinda. Desde este punto se puede ver de manera objetiva cómo la comunidad es el foco principal del Festival de la Tigra.
El barrio, el pueblo y la gente se ven interrumpidas por un cúmulo de artistas de diferentes latitudes que conviven por unas semanas en sus calles. Por unos días, ven contrastados sus acentos e idiomas con los de las delegaciones de Venezuela, Chile, Brasil, Argentina y diferentes regiones de nuestro país. También por una oferta artística y cultural muy amplia, una variedad de géneros musicales directamente proporcional a la diversidad de talleres y encuentros culturales que se ofrecieron desde el 4 hasta el 12 de octubre, nueve días sin pausa en la sonrisa de participantes y organizadores, que recorrieron Piedecuesta en busca de arte. Las actividades se desarrollaron en diferentes puntos: La Bellecera, el Centro Cultural Daniel Mantilla Orbegozo, la Guarida y, por supuesto, el parque principal de Piedecuesta.

En los viajes por otras galaxias oníricas a donde me han llevado mis pies no había visto un universo comunitario tan bonito, cabe destacar el papel de las mujeres, guarichas empoderadas se veían en todos los campos y espacios de la organización, producción y puesta en escena de este Festival, la notoriedad de la presencia femenina es de resaltar y admirar, ya que desde mi panóptico periodístico, los procesos en los que participé y observé fueron liderados y coordinados por grupos de mujeres que con extrema amabilidad resolvían y ejecutaban todos los pormenores que un festival de estas dimensiones tiene. Los hombres brillaron en el campo logístico, yo mismo fui parte de los burros de carga que con alegría y en grupo asistían y ponían el hombro para que todo estuviera en su lugar. No es por desmeritar el empuje del género masculino pero al ver la organización entiende uno porque el nombre de este Festival, porque el rugido retumba al compás de batucadas que con sus tambores hacen tronar las calles. En definitiva durante estos días rugieron las tigras y bailaron los burros al son del rito comunitario que bajo la luna llena de octubre se dieron a la juntanza.
En esta novena edición el Festival de la Tigra tuvo una temática dirigida hacia el cuidado y protección del río y el elevamiento de la voz Palestina, dos cauces que se unen en estos tiempos donde no dejaremos de hablar del pueblo palestino porque cuando el río suena, gritos de resistencia lleva y hasta el mar llega. En estos tiempos, la coherencia es nuestra carta de presentación, es así como se vio la bandera de triángulo rojo con franjas verdes, blancas y negras ondeándose tanto en la tarima como en las calles durante la Caravana por el Agua. Comparsas, batucadas, bailes y colores caminaron y cantaron por las calles dando cierre al Festival, donde por 9 días se sintió el latido y el rugido de una tigra que da mucha tela para cortar y muchos textos para escribir.
Nos despedimos de estas hermosas tierras santandereanas que nos acogieron con abundancia de cariño y fraternidad, pero no podríamos hacerlo sin agradecer a todos los y las creadoras y organizadoras de esta bella fiesta comunitaria, a las agrupaciones y artistas invitadas que deleitaron con color y melodía haciéndonos bailar hasta la saciedad, a todas y todos quienes pusieron su empeño y compromiso para atendernos y recibirnos. Por mi parte, un especial saludo a Mándala quien me asistió en la producción del mural que realicé; a los dueños de la hermosa casa donde pinté, quienes me alimentaron la mente y el cuerpo; a mi familia que me acogió, acompañó y cuidó de mi hija para así poder escribir y pintar este humilde aporte que ofrecemos desde este medio alternativo y comunitario de la localidad de Techotiba en Bogotá.
Esperamos para la edición número 10 poder asistir de nuevo y así, de acá en adelante, acompañar esta gesta inspiradora aportando desde la prensa comunitaria y la pintura al que, sin lugar a dudas, es el festival más bello de las galaxias habidas y por haber.
Si quieren conocer los murales de quienes pintaron en esta novena edición revise las redes de @imagenbastarda, @crisherreraKiKi, @artesekeko, @humor_vitae, Alas y Raices, @otorongo.art y las visuales de @guache_art. Hasta el próximo rugido.