«La Biblioteca Popular de la Resistencia»

Entre el conspire, la juntanza y el cuidado 

Por: Yannick Delgadillo

 

 

La Biblioteca Popular de la Resistencia surge desde diversas apuestas culturales que buscaban llegar a los niños, niñas, jóvenes, ancianos, entre otras diversidades, que se encontraron en el Estallido Social. Fue un colectivo de cinco personas que desde el Espacio Humanitario en el Portal de la Resistencia descubrieron la necesidad de un escenario de encuentro, de diálogo, de participación y de lecturas: “Particularmente, había muchos niños que querían decir, querían gritar, querían hacer frases, decir otras cosas. Sentíamos nosotras, que de alguna forma podían ser escuchados y que podían decir a través del papel”, expresa Darío Abril, quien fue uno de los artífices de la biblioteca.

En un principio, llegaron al espacio llenos de fanzines y materiales para crear y, gracias al apoyo de la Feria del Libro Independiente Autogestionada (FLIA) comenzaron a llenarse de libros y de energía para ofrecer nuevas posibilidades de lecturas. Ya dentro del espacio fue la misma gente quien les otorgó el nombre de biblioteca popular con una vinculación directa al Estallido Social. Y, aunque en medio de todas las expresiones que se encontraron en el Portal algunas no les dieron la importancia suficiente, sí hubo otras que reconocieron el valor que tenía esta propuesta no solo de difusión de textos, sino de diálogo, de cocreación, de conversación y de protección de los libros y del material que poco a poco comenzaba a componer la Biblioteca Popular de la Resistencia.

“La biblioteca toma fuerza y empieza a andar solita, la propuesta tiene una consigna y es la divulgación de materiales y la promoción de lecturas distintas. Nos centramos en tener una apuesta de biblioteca diferente a las bibliotecas tradicionales, públicas y demás, donde sentíamos que no estábamos recogidas dentro de nuestros materiales y nuestros intereses particulares, que queríamos leer, que queríamos difundir. Por eso, cuando nos apodan y nos nombran biblioteca, nuestra apuesta sí o sí se torna diferente en términos de la promoción de lectura, una que iba más de la mano de promover lecturas ligeras, fanzines independientes, lecturas de cercanos, de pares”.

Al Portal y a la creación de esta posibilidad de encuentro llegaron desde Pereira, Darío y su compañera venían del Estallido Social que también se dio en esa ciudad. Pero fue el recrudecimiento de la violencia policial, lo que los obligó a buscar otros territorios, pero a mantener siempre la misma convicción: seguir desde el junte, el conspire y el apañe proponiendo nuevas formas de entender el mundo colectivamente.

La biblioteca fue testigo de casi todos los momentos vividos durante el Estallido Social en el espacio del Portal de la Resistencia, fueron de los primeros en llegar y casi los últimos en irse. Como lo menciona Darío, el espacio siempre estaba en constante adaptación por los sucesos y las cosas que pasaban. Los primeros días fueron los momentos cúspides de la violencia policial, la tensión constante los obligó a pensar, no solo el cómo resguardar la vida, sino también los libros. Uno de los momentos más álgidos en los que estuvo la biblioteca fue en la jornada de 24 horas sin ESMAD, donde fue desaparecido y después asesinado el compañero Duban.

Y, a pesar de que el espacio no era completamente seguro, la apuesta por la promoción de la lectura a través de ciertos materiales era novedosa, diferente a las bibliotecas tradicionales: “creo que el aporte de la biblioteca en el Portal de la Resistencia fue ese dotar y llenar el espacio humanitario de otras cosas que no eran gases, que no eran piedras, que no era la medición de fuerzas del uno y el otro, sino llenar el espacio de lecturas, de gráfica, de arte, de expresiones distintas y sobre todo, llenar el espacio de diálogo y de interlocución”.

En esos meses, la biblioteca en sí misma se transformó gracias a la solidaridad de la gente, no solo con la donación de libros y de material, sino también con la adecuación del espacio en un carrito de mercado con tablas adaptadas a modo de mesa, lo que la hizo una biblioteca andante. Ya después contaron con una carpa, lo que les permitía salir todos los días, a seguir con la labor con quienes no se sentían reconocidos dentro de las prácticas beligerantes que tenía el Portal. El espacio era ideal para crear, leer y compartir. Ir a la biblioteca era encontrar una hoja, marcadores, recortes, tijeras y colbón; la disposición de materiales para la creación siempre fue clave.

Los talleres y las actividades pedagógicas de la biblioteca se pensaron desde una lógica horizontal. No había una figura que enseñara y otras que aprendieran. La creación era colectiva y se adaptaba al grupo etario. Evidentemente, el contexto generó la necesidad de desarrollar una conciencia de la contingencia, es decir, la posibilidad del tropel obligaba a trabajar con materiales ligeros y a promover el cuidado colectivo de forma constante.

El trabajo articulado con otros colectivos fortaleció esta apuesta. Procesos como el ya mencionado de la FLIA, El Callejero, Techotiba Solidaria, El Trébol, El Taller de Lúmes y distintos parches barriales demostraron que el Estallido llegó para fortalecer el movimiento social. “Hubo mucho pelado que, a partir del Estallido Social, encontró el trabajo colectivo, el trabajo barrial y popular. Encontró también un campo de acción, un refugio, pero también encontró una posibilidad de transformación”.

Una biblioteca llena de voces y de memorias

Darío es una parte esencial de la biblioteca, en su memoria resguarda tanto las paradojas como, en ocasiones, los milagros: “ahí nos dimos cuenta que no es que busquemos un mundo distinto allá en lo posible, que ya hay mundos distintos funcionando y que esos mundos distintos se juntaron en el Portal de la Resistencia”. El Estallido permitió materializar formas propias de organización y gobernanza que dieron al traste con la teoría; y de transformación social, cuando los jóvenes de la localidad empezaron a pensar que ya no había que robar en el barrio, sino que era necesario defenderlo.

Pensar la cultura como un acto transformador implica alejarla de su versión mercantilizada y elitista. La cultura que emergió en el Portal de la Resistencia fue una cultura de calle, de gente, de necesidad. Leer, escribir, dibujar o hacer teatro no eran actividades aisladas, sino formas de sostener la vida y de llevar colectivamente lo que estaba pasando.

El mensaje final que deja la Biblioteca Popular de la Resistencia es que el junte es potente. En un contexto donde la orden fue el aislamiento y la fragmentación, juntarse a leer, a crear y a pensarse colectivamente se convirtió en el acto de amor y resistencia más importante: “poder fortalecernos desde otras trincheras y con otras barricadas. Y es que los libros, las letras, la cultura, la gráfica, el arte siempre van a ser esa trinchera en la cual ellos no quieren que estemos”.

El compa Darío Abril aún conserva una diversidad de textos y fanzines que se usaron en el Estallido Social, tiene una chaza en la Universidad Pedagógica donde podrán encontrar algunos de los textos que dieron origen, forma o que simplemente pasaron por La Biblioteca Popular de la Resistencia. 

 

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