
«La Casona de Son Callejero, un sueño que hace realidad la SAE»
Por: Laura María Rodríguez
El pasado 15 de agosto algo cambió en los entornos de la plaza de la Macarena, en el centro de Bogotá. La música llenó esas calles que recorren cientos de estudiantes de colegios públicos y los que suben con esfuerzo hasta la Universidad Distrital, trabajadores de entidades públicas y privadas, simples transeúntes sin rumbo fijo. Todos ellos, seguramente, no pudieron ignorar las notas de salsa que se filtraban de esa casa de fachada blanca, que hacía unos pocos meses se veía desolada y que afeaba el ambiente de una cuadra entre festiva y mojigata.
Pero los sueños no son quimeras de un solo día, por el contrario, son utopías que se alcanzan cada cierto tiempo con la condición de construir una nueva a la vuelta de la esquina. Son Callejero es quizá la única orquesta de inclusión social en el país, hace 15 años nació como el resultado de Acciones culturales en calle, un subcomponente de la Secretaría de Integración Social, durante la alcaldía de Gustavo Petro, cuya misión era crear productos culturales con talentos artísticos en condición de habitabilidad en calle; la misión fue más grande, volver a reunir a íconos de la salsa, grandes cantantes, pianistas, arreglistas y timbaleros de orquestas como el Grupo Niche, The Latin Brothers, El Nene y sus Traviesos, Guayacán, entre otras, y cuyos nombres se desempolvaron para regresar a los escenarios y recoger nuevamente la vida, esa que se había quedado escondida en medio de la fiesta y de la droga; Edgar Espinoza, Alberto Puello, Antonio Ortiz y muchos otros han pasado y se han sumado a Son Callejero, que hoy además es una fundación y que dirige desde sus inicios Dairo Cabrera.
El sueño de tener, por fin, una casa, lo habían intentado desde hace muchos años por iniciativas propias y con ayudas y manos amigas. Hasta hacía unos días antes de la entrega, habían estado en la primera sede del Goce Pagano, en el barrio Santa Fe, donde seguramente su ausencia se sentirá para los vecinos y vecinas, demonizados por las entidades y los medios de comunicación, pero vecinos al fin y al cabo. Quienes encontraron en Son Callejero una oportunidad para que sus niños, niñas y adolescentes aprendieran música y arte de forma gratuita con los mejores profes de la ciudad, con los profes de la calle, los que entendían lo que es llegar a ensayar sin nada en la barriga. Allí, también hicieron importantes alianzas para llevar alimentos, gracias al Banco de Alimentos y en los diciembres siembre hubo juguetes y la ollita para compartir con las familias.
Es decir, que los sueños no son oasis que aparecen en medio del desierto, ciertamente, como el símil más popular, los sueños son esas semillas que se siembran, se cuidan, se ven crecer y que un día florecen y echan frutos. La entrega por parte de la SAE de la que bautizaron como la Casona de Son Callejero es ese sueño de muchos años, la posibilidad de saber que ya nadie los va a sacar de este lugar, donde podrán seguir echando raíces y recibiendo nuevas generaciones de callejeros, ofreciendo arte, música y cultura a toda la comunidad.
El día de la entrega
El 15 de agosto, desde las 9:00 a.m. todo estaba listo, la tarima estaba montada y los callejeros estaban preparados para recibir a la presidenta de la Sociedad de Activos Especiales, Amelia Pérez. Las paredes blancas, los techos, la tarima, todo estaba en su lugar, la Casona estaba lista para hacer música. Lo que muchos no saben es que, cuando les entregaron la casa, esta estaba casi toda destruida, vidrios rotos, muros que se cayeron, techos destrozados; fue una labor titánica de las manos callejeras y algunos ahorros, conseguir en tiempo record poderla tener lista para su funcionamiento y otras responsabilidades contractuales que hacen parte de cumplir el sueño, pero que no por eso son menos complejas.
Así y todo ese día la emotividad brotó a flor de piel, porque quizás los allí presentes comprendían que estas calles urbanas que parecen tenerlo todo, están ávidas de procesos, de comunidad, de manos amigas que se sienten a construir. Así lo indicó la presidenta de la SAE, durante el evento: “El día de hoy ha sido muy especial, ya que estamos entregando este predio para Son Callejero, quien trabaja con personas que han sido víctimas y que se encuentran en situación de calle. Les hemos dicho por todo el país, lo que se necesite para ayudar a las personas que en un momento determinado han tenido este tipo de problemas y que quieren salir de ellos. Nos hablaban hoy que están colaborando con hijos e hijas de mujeres en ejercicio de prostitución cuando no encuentran otra forma de vida, yo pienso que es una manera muy importante de colaboración para esta sociedad, ayudar, sacar a delante y proteger a esos menores para que no caigan en manos de quien no deben. No se les olvide que nosotros y nosotras desde la SAE vamos a seguir apoyando el cambio de este país con dignidad”.
A su vez Dairo Cabrera mencionó que: “La entrega de este predio para Son Callejero significa o genera una gran proyección a futuro para la Fundación. No podríamos estar acá, en un lugar como este, privilegiado para la cultura de Bogotá si no fuera por la disposición y política de entrega de predios a organizaciones sociales por parte de la SAE. Por lo tanto, nos dan la oportunidad de proyectarnos y crecer, no solo como agrupación sino como organización”.
Son Callejero es la prueba de que los sueños se pueden cumplir y que nuevas utopías surgirán para estos músicos incansables y referentes de la salsa y de la cultura en Colombia.