«¿Quién es Antonio García Nossa?»

Por: Édgar Suárez

 

 

Hace algo más de dos meses, el nombre de Antonio García Nossa tuvo una alta mención en la retahíla de las noticias, la razón: la reacción de impostada dignidad de los guardianes de la moral económica y buenas costumbres fiscales, quienes vieron en redes sociales como el nombre de García Nossa brillaba en letras doradas en una sala adjunta al despacho del ministro de Hacienda, sala que otrora ellos habían nombrado, con pretenciosa vanidad: Roberto Junguito. Como fanáticos salieron a preguntar sobre el templo profanado, que quién era ese tal señor García. Estaban asombrados de que, además, hubieran desmontado de dicha sala, un panel de fotografías en blanco y negro de hombres ojerosos y solemnes que han ocupado el cargo de ministro y que se presentaban como si fuera la línea de sucesión de un trono.

En las emisoras y en los noticieros hicieron referencia a las vestiduras rasgadas, sin ahondar mucho en el personaje en cuestión que, sin embargo, había logrado ascender en la columna de tendencias por un par de horas, obviamente sin llegar a la cima, seguramente no era para tanto. No es de extrañar que las oficialidades académicas, políticas, económicas e informativas tuvieran que ir a sus chats de IA para develar el misterio. Pues, como a tantos pensadores fundamentales, a García Nossa como a su palabra, lo han intentado marginar para que no quepa en la memoria, a pesar de que su voz es más que necesaria para entender las réplicas de otros siglos latiendo urgentes en el presente.

Antonio García Nossa no tiene eco en las élites porque nos habla desde la voz y la realidad de las mayorías marginadas, siempre con la apuesta de hallar el modo en el que la conciencia y saberes colectivos logren cambiar las condiciones desiguales e injustas de nuestras sociedades, tal vez por ello mismo su obra no puede enmarcarse en una especialidad, sus saberes se van tejiendo entre la antropología, la sociología, la historia o la economía, en un diálogo abierto con comunidades indígenas, obreras y campesinas; pero, también, con los líderes políticos de su tiempo, buscaba en su contexto las herramientas justas para llevar de mejor manera la tarea. En esa senda incursionó en la narrativa y el teatro como estrategia de difusión y educación.

Por supuesto, García Nossa está muy lejos de quienes pontifican desde el saber, la exclusividad y la abundancia, sobre la ruta aprendida y consabida para el destino del país y mucho más lejos de aquellos que con la túnica de la técnica solo repiten un mantra que copian y repiten con fe de carboneros.

Nacido en Bogotá en 1912, Antonio García se tituló como abogado e inició su labor académica muy joven, recorriendo la región andina en el centro y sur del país y registrando la exclusión a la que eran sometidos los pueblos indígenas, campesinos y la clase obrera en los grandes centros urbanos. Su vocación revolucionaria hizo que su mirada abordara los problemas sociales de manera integral sin apartar el activismo y el pragmatismo que reclamaba el proceso histórico nacional y regional. En tal sentido, fue protagonista en el desarrollo de la educación superior pública en el país, dando inicio a lo que posteriormente sería la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, también gestó acciones que dieron inicio a la Universidad Distrital. No está de más mencionar que fue un férreo defensor de la educación pública en escenarios políticos y sociales.

Antonio García fue promotor del socialismo en Colombia y gestor de movimientos políticos para tal fin, siempre convencido de que un gobierno popular residía en la profundización de la democracia, en esta misma senda, García diseñó el programa económico de Jorge Eliecer Gaitán, como amigo y partícipe activo de su movimiento. Durante las revueltas del 48, las fuerzas del régimen fueron a buscarlo hasta la casa para asesinarlo, pero el maestro logró escabullirse. No logró escapar de la censura ni del asedio y tuvo que optar por el exilio.

Su quehacer académico y político lo llevó a conocer de primera mano los procesos y cambios políticos que se dieron en Latinoamérica durante el siglo XX, así como las contrarreformas siguientes. Desde México hasta el cono sur fue registrando las dinámicas de procesos políticos y sociales, con un mayor énfasis en la cuestión agraria y las reformas agrarias generando una tipología de las mismas en la prospectiva de activar reflexión en la búsqueda de transformaciones auténticas e integrales, en este rol fue consultor de varios países de la región.

A pesar del largo silencio oficial las enseñanzas del profesor Antonio García, tal como las de otros de sus colegas como Orlando Fals Borda o Gerardo Molina, han trascendido la etiqueta, permeando al movimiento social, a la memoria colectiva y al quehacer académico. Esto no quiere decir que el país no esté en deuda con su obra y el sentido de la misma, justo en este contexto social y político en el que nos debatimos, es preciso recuperar su obra, tal como lo dicta la ley, el objetivo común.

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