«Solo el pueblo salva al pueblo»

La policía que es financiada con los impuestos del pueblo y que debería estar al servicio del ciudadano, en este sistema está coartada por las élites.

Por: Luis Felipe Camargo

 

Un ser humano no debería pedir permiso para vivir, no debería suplicar tantas veces “por favor” para que le respeten su derecho a la vida. En derecho no se puede condenar a alguien sin ser juzgado, esto debe aplicar a todos los ciudadanos. Desafortunadamente, lo que queda claro con los últimos acontecimientos, es que en el capitalismo no todos tenemos el mismo estatus de ciudadanos, mientras el pueblo trabajador debe demostrar su inocencia sin garantías, es asesinado sin un juicio previo y vituperado por los medios de comunicación masivos que ponen en tela de juicio su integridad, por determinada conducta política o social. Las élites son las únicas a las que se les respetan sus derechos, en sus juicios son considerados inocentes, pese a las numerosas pruebas que los comprometen como corruptos y asesinos.

La policía que es financiada con los impuestos del pueblo y que debería estar al servicio del ciudadano, en este sistema está coartada por las élites. Es una institución corrupta y arribista, en especial sus altos mandos, que fungen como terratenientes, con negocios promisorios, aunque el sueldo no les alcanza para justificar la procedencia de sus bienes y riquezas. Así se construye un círculo de poder, entre las élites, la policía y las fuerzas armadas del país, un pacto en el que el ciudadano de a pie está excluido y vulnerable ante el abuso del poder.  

En la época de la pandemia policías y militares impusieron vacunas diarias a peatones, motociclistas, conductores, se enriquecieron ilícitamente a costa de las necesidades y la precariedad de la situación económica del país y de sus ciudadanos. En este 2020 van más de 50 masacres, que han ocurrido en complicidad con los militares y las élites gobernantes que encubren los hechos, porque entre ellos hay un pacto de silencio criminal. Si como pueblo, trabajadores, campesinos, indígenas, jóvenes, hombres y mujeres no nos expresamos de manera multitudinaria y buscamos la manera de ponerle freno a toda esta situación, lo que nos espera es una terrible noche de dictadura y fascismo. Lo que vimos el 9 de septiembre fue el asesinato de un ciudadano en manos de la policía, que se supone estaba ahí para protegerlo, lo que ocurrió en la noche fue la respuesta del pueblo al estado de podredumbre de todas las instituciones gubernamentales y militares que funcionan para garantizar los derechos de una élite depredadora, ni siquiera los alcaldes tienen el control de la policía en sus territorios. Sus amos no tienen nada que ver con los aparatos democráticos, es por eso que los hechos ocurridos ponen en evidencia que la democracia, los derechos humanos y los derechos ganados están en peligro, estamos ad portas de una dictadura fascista ¿qué más debemos esperar? 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estas sin internet en este momento!

Nos gustaria enviarte todos nuestros contenidos digitales y periódicos quincenales, tan solo debes dejarnos tus datos y siempre recibirás en tu correo el contenido!