«Ciudadanos sin ciudad»

8 años después del operativo militar en
el sector del Bronx

Por: Alberto López de Mesa

 

 

El 28 de mayo, se cumplen 8 años del operativo militar en el sector, entonces denominado, “El Bronx”. Por tal motivo, la periodista Diana Gómez realiza un documental sobre las repercusiones sociales y urbanísticas de dicha intervención y le interesó incluir mi opinión al respecto de la condición actual de los habitantes de calle desalojados del Bronx.
La periodista programó las entrevistas, precisamente, en el predio ya demolido. Camino a la cita fui observando desde la ventana del taxi los combos callejeros, algunos, sin duda, ex habitantes del Bronx que ahora arriesgan sus parches en cualquier baldío sin vigilancia; en la avenida Caracas, que fue la ruta que tomé, vi parches numerosos en los andenes junto a las chatarrerías de Chapinero, en la ribera del caño Arzobispo, en los lotes junto a los puentes de la 26, bajo los aleros sin dueño del barrio Santa Fe, en el separador de la calle 19; a diferencia de la plazoleta de los Mártires que, en tiempos del Bronx, fue lobby de tolerancia, playón de vagabundos y cachivacheros, ahora es una estancia florida, remanso para los feligreses de la iglesia del Voto Nacional.

Al llegar me sorprendió ver que los almacenes de la calle 11 mantenían intactas sus ventas tradicionales de cobijas, cubrelechos, almohadas y toallas. Ahora, sin la incesante concurrencia de quienes al ritmo de la también incesante música de las rockolas entraban y salían de la L, que fue el nombre con el que originalmente se conoció ese tramo de la carrera 15, contiguo al batallón.

En el lote del extinto Bronx ya estaba la periodista y su equipo grabando el testimonio ufano del oficial que dirigió la participación del CTI en el operativo que bautizaron: “Némesis”, en el vacío señaló y describió los expendios de los ganchos Homero, Mosco, Morado, América, Manguera, los laboratorios y embotelladoras de licores chiveados, las supuestas casas de piques, mentó las perreras y la mítica charca con cocodrilos; cuando la periodista le preguntó el por qué no hubo capturas importantes, señaló un lugar en el suelo donde descubrieron supuestos túneles por los que escaparon los capos. 

Pero las autoridades siempre supieron y lo corroboraron en la intervención, que junto a las narco-sectas, había mucha más gente que dependía existencial y económicamente del Bronx, los tenderos con máquinas tragamonedas alteradas y sin control de ETESA, las barequeras, casi todas madres cabeza de familias, que pagaban un metro cuadrado para vender insumos de marihuaneros, los de los hospicios paga diarios, los de los caspetes de comida barata, los de las cartonerías, los basuriegos, los cachivacheros, los reducidores, los ñeros que allí encontraban albergue y afecto gratis, todas esas gentes, según las autoridades eran personas esclavizadas por criminales, según el dictamen oficial: “lo que se daba en esa zona no era una problemática social sino un fenómeno delincuencial”. Las autoridades y la administración distrital infundieron en la conciencia colectiva el imaginario de que la operación “Némesis” fue una cruzada victoriosa que destruyó un infierno urbano, ya que todos los que allí habitaban estaban, voluntaria e involuntariamente, al servicio del crimen.

En la madrugada de aquel sábado 28 de mayo de 2016, aprovechando el letargo de la gente enguayabada de la rumba del viernes; mil seiscientos efectivos, respectivamente, del CTI, la SIJIN, Antinarcóticos, el Esmad, el Goes, cumplieron un ataque sorpresa cuyo parte oficial fue: “rescatados 140 menores y dos secuestrados, recuperados 595 indigentes, capturados 13 “zayayines” (miembros de las bandas), se encontraron 30 armas de fuego y 100 mil dosis de drogas”.

La realidad que en los días siguientes vivió el vecindario fue la diáspora de desalojados, centenares de desarrapados se emplazaron tres días en la plazoleta de los Mártires y luego una semana en la Plaza España, hasta que, por la fuerza, policías antidisturbios los echaron de la zona.

La Secretaría de Integración Social y el IDIPRON reaccionaron en justicia: aumentaron el personal y adecuaron las instalaciones, pero, aunque triplicaron la capacidad de los servicios, su encomiable empeño no fue suficiente para albergar a la mayoría de los desterrados, quienes en éxodo caótico iban por doquier buscando baldíos para encambucharse.

Antes de asistir a la entrevista averigüé sobre el proyecto del “Distrito Creativo” que propuso el alcalde Peñalosa y que continuó con empeño Claudia López, en remplazo de las antrosas casas del extinto Bronx. El proyecto resuelto con apremio por la alianza temporal de la Secretaría de Planeación y la Fundación Álzate Avendaño, tiene planos y maquetas diseñadas como resignificación urbanística de la zona, cuyos espacios no involucran ofertas para los desalojados. La verdad es que es otro acto descarado de gentrificación a favor de constructores privados.

Colombia no construye cultura preventiva, ni los gobiernos demuestran voluntad para emprender los cambios estructurales necesarios para superar fenómenos sociales como la habitabilidad en calle. La comunidad licenciosa e ilícita que se dio en el Bronx resultó de la migración sin alternativas de los desalojados del Cartucho, así mismo, los desterrados del Bronx se desplazaron a las zonas con dinámicas afines al modo en que les ha tocado vivir la ciudad.

Para las poblaciones callejeras no hay tierra prometida, son ciudadanos sin ciudad.

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