«Del silencio silenciado al silencio pronunciado»
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Por: El Callejero
Con el mayor Xieguazinsa nos encontramos un jueves, en una tarde bogotana, entre las casas coloniales del centro de la ciudad, donde el sol se veía opacado por una neblina densa que bajaba de los cerros. Él mirando las nubes, con un suave movimiento de manos y algunas palabras logró disipar la llovizna durante los casi cincuenta minutos que duró la entrevista, después, la leve brizna se convirtió en lluvia y la ciudad siguió su rumbo natural.
¿Quién es Xieguazinsa Ingativa Neusa?
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Dialogar con el mayor es sentarse a escuchar la palabra pausada de una cultura que desde hace siglos viene caminando por el altiplano cundiboyacense, por eso la pregunta por el individuo se convierte en un recorrido por la comunidad y por el territorio: “en los pueblos originarios, cuando se pregunta de dónde viene usted o quién es, uno mira los ombligos, que tienen que ver con el linaje de nacimiento. Donde la madre regó sangre del parto para traernos a la vida”.
Xieguazinsa Ingativa Neusa es un nombre que recoge esa tradición. Ingativa, porque nació en lo que hoy se conoce como Engativá, cuando todavía había extensos lagos, Bogotá no iba más allá del 7 de agosto y la ciudad se extendía principalmente hacia el norte. Su familia llegó a la capital como consecuencia del desplazamiento provocado por la violencia de la década de los años cincuenta. Pero su ombligo materno originario viene del resguardo Muysca Chibcha de Ubaté, que en 2023 cumplió 200 años de existencia. Sobre el resguardo Xieguazinsa afirma que son “la única comunidad indígena de su etnia que resistió y negoció la permanencia territorial”. Desde lo paterno, la familia viene de Susa, cerca de la laguna de Xieguazinsa o laguna de Fúquene y sus ancestros provienen de Cocuy Güican.
“Definirme como indígena, está muy ligado al territorio. En nuestra lengua muysccubun, el pronombre “yo” quiere decir hischa, pero hischa también quiere decir tierra. Entonces, soy uno con la tierra, yo soy tierra. Por eso el tema de las placentas y de los ombligos”.
Para reconocerse como parte de la comunidad Muysca Chibcha, Xieguazinsa nos confiesa que es un vínculo que se crea durante la infancia con la cercanía de sus abuelos y en un entorno en el que convivía entre el resguardo y la laguna. Sin embargo, luego llega el choque de vivir entre el campo y la ciudad, lo que provocó que su niñez y su juventud estuvieran marcadas por el no entender muy bien quién era, ni el cuerpo que le correspondió, ni el mundo que habitaba. En medio de una época en la que era prohibido decir que se era indígena. A mediados de los 80 comenzó a estudiar Antropología en la Universidad del Cauca, antes ya había viajado a México y en los 90 llegó a Europa. Gran parte de esas posibilidades estaban respaldadas por su madre e hicieron parte de su búsqueda existencial.
Del silencio silenciado a un silencio pronunciado
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“Fue el silencio silenciado de mis abuelos, de mis padres. Pero todo cambia cuando mi madre al final de su vida me reúne y me entrega su herencia que son los documentos que ratificaban que ella era indígena y todo eso lo tuvo en silencio. Todo ese tiempo es lo que yo llamo el silencio silenciado de muchos abuelos a quienes les era prohibido hablar de su historia, de su lengua y de su cultura”.
Esa verdad histórica se convirtió en un silencio pronunciado del cual emergió como un líder social indígena del Consejo Indígena Muysca Chibcha Cundiboyacense, donde hoy es gobernador en el departamento de Boyacá del Cabildo Mayor Muysca Chibcha Boyacá.
Un nuevo concepto: La recomposición étnica
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Pero su camino no consistió únicamente en convertirse en un líder de su comunidad, sino también en profundizar en la investigación sobre su cultura. En ese proceso Xieguazinsa corroboró lo que la academia tardó en reconocer, y es el proceso de autorreconocimiento como indígena de las y los descendientes del campesinado desplazado que llegó a la ciudad.
“En el censo de 2005 aparecían solamente 86 pueblos indígenas. Pero, en el censo de 2018 aparecen 115 pueblos indígenas, es decir, más del 40% en menos de diez años se reconocen descendientes y pertenecientes a comunidades indígenas. Para nosotros es importante hacer estos análisis porque abrimos una brecha en Colombia desde el altiplano cundiboyacense de un proceso que llamamos recomposición étnica, no reindianización, ni reindigenización, porque son conceptos muy antropológicos, que no entran dentro de la realidad del devenir histórico que hemos vivido”.
Así inició toda una lucha académica, política y jurídica para demostrar que sí existen los indígenas muiscas. “En ese momento alguna parte de la academia dice: ‘sí existe’, otra parte de la academia dice: ‘no, no existe’. Independientemente de la academia se comienza a reconocer que hay una historia y una cultura en común que recorre el territorio cundiboyacense desde Güican Cocuy hasta el Sumapaz. Desde procesos de lucha y resistencia que se mimetizaron en el campesino y la campesina boyacense y cundinamarqués. Un fenómeno que se replicó en otros lugares del país, donde muchos pueblos indígenas desplazados llevaron sus saberes y tradiciones al mundo campesino”.
“Eso de mestizo es una agüita que no se sabe a qué se sabe”
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Decía la mamá del mayor y tenía razón. De acuerdo con los estudios de la Universidad Nacional del doctor José Vicente Rodríguez Cuenca, una gran parte de la población cundiboyacense llega, más o menos, hasta un 80% de ADN mitocondrial de madre indígena, lo que rompe con el mito del mestizaje.
Aun así, sigue siendo mucho más complejo que se rompan las miradas racistas, de ahí gran parte del desconocimiento que como nación y como ciudadanos se tiene sobre las culturas y la pluralidad étnica del país, entre las que se incluye la comprensión del mundo Muysca Chibcha.
Lo Muysca aparece como una nominación de las gentes que habitaron la región cundiboyacense durante la colonia. “Nosotros no nos llamábamos Muyscas desde esa categoría externa de la lectura del otro y lo Chibcha tampoco se interpreta, como dicen, desde afuera, como el protochibcha o familias lingüísticas desde el sur de Guatemala que baja”. Para estas comunidades ambas palabras están instaladas su cosmovisión, que se aleja del análisis académico y político.
“Muysc cubun significa gente, personas. Se refiere a la humanidad y se instala, justamente, en un periodo originario. Podemos decir hoy que lo Muysca es el periodo de la madre, del origen de la humanidad, de la laguna, de la mujer (no me gusta decir la palabra matriarcado porque eso genera otras visiones). El rol de la femenina, la semilla, el hogar, la familia, un ordenamiento, lo que implica la femenina sagrada. Para nosotros Muysca es laguna, es el origen de la madre Bachué y del padre Iguaque en el territorio de Chíquiza. Los Chibacha o Chibcha surgen en un periodo posterior de la ratificación de un ser hijo del sol, en Quichua le decían Nemqueteba, por estos territorios Bochica, Sadigua, Sugunsua. Recogemos una historia importantísima de Bochica cuando viene a complementar ese círculo de integración del mundo de la luna con el mundo del sol, siendo el hijo del sol.
Cuando nos declaramos Pueblo Nación Muysca Chibcha estamos recogiendo, emergiendo una palabra que quedó suspendida en un acuerdo que hizo Bochica en la cueva del Tuyu en Gámeza, Boyacá, con los soberanos del lago de Tota, fue la entrega e insufla de su poder al soberano de Sogamoso, allí cambian las reglas de juego y Bochica le deja la misión de unir a todos esos hijos de Bachué Iguaque. Él no lo hizo. Entonces, para nosotros es como una herida antigua que tenemos que sanar ahora y unir el sol y la luna, el hombre y la mujer, lo femenino y lo masculino, integrarlo. Estamos en los tiempos de ese periodo cosmogónico de la integración de las fuerzas del universo. No es una coincidencia y nos ha correspondido llevar esa carga, además de las luchas sociales y políticas que esto ha implicado”.

Entonces, la historia Muysca es riquísima, la historia Chibcha es riquísima. Poco se conoce y me parece que moriré encarnando esa lucha hasta donde me permitan, llevando esa palabra de lo que es el silencio pronunciado, ya no el silencio silenciado de nuestros viejos.
Un camino trazado para la paz de los pueblos
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Los pueblos indígenas históricamente han luchado por los derechos humanos y por la defensa de los territorios. En particular el Pueblo Nación Muysca Chibcha hace parte de la Coordinación Nacional de Pueblos Indígenas de Colombia (CONPI) que pertenece a la alta instancia del Acuerdo de Paz en su capítulo étnico. Desde allí vienen acompañando estos procesos de construcción de paz desde distintos escenarios.
La CONPI no es una organización indígena, es una coordinación que está integrada por víctimas indígenas.
Xieguazinsa reconoce que la llegada de la CONPI al proceso de paz se dio de la mano de los pueblos afros, negros, raizales y palenqueros con quienes irrumpen en La Habana y en las Naciones Unidas con un mensaje claro: las organizaciones indígenas que en ese momento participaban en el proceso no los representaban como víctimas. Como consecuencia, las negociaciones se suspendieron y tanto las Naciones Unidas como los países observadores reconocieron la necesidad de trabajar en un capítulo étnico que pasara a formar parte del Acuerdo.
Para lo cual se crea el Consejo Étnico de Paz, conformado por cuatro organizaciones afros y la CONPI que es la única indígena. De esta manera se va convirtiendo en una figura de vocería frente al seguimiento del Acuerdo de Paz para lo étnico. El acuerdo también crea la Instancia Especial de Alto Nivel con Pueblos Étnicos (IEANPE) que es el órgano consultor e interlocutor creado por el Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz, cuyo objetivo central es garantizar, impulsar y verificar el cumplimiento de los compromisos de paz que protegen a los pueblos indígenas, afrocolombianos, raizales y palenqueros en Colombia.
Uno de los puntos con los que menos acuerdos se logró fue justamente con la temporalidad del conflicto armado, que establece como punto de partida el reconocimiento de la condición de víctima desde 1985, porque la historia de las violencias sufridas por los pueblos indígenas va mucho más atrás: “porque tenemos mucha historia de violencia y sabemos qué fue lo que pasó y sabemos hacia dónde va esa energía y quiénes son los actores descendientes hoy, como fuerzas reales de poder que están detrás del telón”. Con esa preocupación se hace una asamblea en la Sierra Tayrona y el Pueblo Nación Muysca Chibcha comienza a aportarle a la CONPI, tratando que se contemple la ampliación del reconocimiento de las víctimas más allá de 1985.
Pero Xieguazinsa también sabe que, aunque puede que no suceda, esa acción simbólica y ese planteamiento tienen una fuerza en la creación de esa historia donde el indígena también se comporta como un sujeto político, que hasta hoy ha contribuido a la construcción de políticas propias de reparación y resarcimiento para su pueblo.
Muchos temas se quedan en el tintero de esta crónica, sobre la extensa historia que como Pueblo Nación Muysca Chibcha han venido tejiendo, recomponiendo, investigando y reescribiendo para que como país podamos finalmente reconocernos como descendientes de los pueblos indígenas.
“Nosotros como originarios, tanto indígenas o no, en Colombia traemos raíces originarias indígenas, independientemente del color de la piel, porque aquí el tema que hay que superar es el racismo estructural e intelectual que se construyó. Tenemos que hacer un gran acuerdo integral intergeneracional para unificar a los pueblos y buscar lo bondadoso del pensamiento originario que ha quedado y lo bondadoso del pensamiento de afuera que ha llegado. Consideramos que no hay otra forma. Nosotros no podemos seguir chocando.
Termino diciendo también de que mientras nosotros no nos veamos en ese contexto como sujetos históricos y sujetos políticos, desde una espiritualidad originaria no podemos decir aquí estamos presentes, resistiendo y perviviendo”.
Gracias al mayor Xieguazinsa por ese trabajo arduo y persistente de recordar nuestra cultura ancestral muysca chibcha, por ayudarnos en ese auto reconocimiento indígena de saberes y relaciones con el universo , el cosmos, fietzinga mayor