«Editorial»

Por: El Callejero

 

 

Frente a una humanidad cada vez más centrada en encontrar la explicación a sus problemas emocionales y existenciales hacia adentro, en la búsqueda de las razones individuales y de la auscultación más profunda de su pasado. Está, quizás, en el plano menos evidente, pero más real, su relación con el mundo, uno que se torna violento desde las pequeñas relaciones cotidianas, hasta el plano de la geopolítica, llegando a niveles de evidente genocidio e intenciones reales de exterminio de los pueblos.

La desazón de esta época sin nombre, es quizás el resultado de una política neoliberal que cada vez hace más ajena la existencia del ser humano y cada vez más lejana sus aspiraciones por una vida digna, desde el acceso al alimento, el transporte, la tierra, la vivienda y la vida misma.

Pero parece ser que ese mismo sistema ha logrado su objetivo, la enajenación humana frente al sufrimiento. En ese juego de narciso, las pantallas se convierten en el agua y el espejo de la época, que tiene a una generación obnubilada en su propio reflejo, incapaz de mirar el mundo y de entender en él la razón de su desazón y sufrimiento.

Camus en su obra El mito de Sísifo  planteó que lo trágico del mito tenía que ver con la conciencia “El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo. Pero no es trágico sino en los raros momentos en que se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde, conoce toda la magnitud de su miserable condición: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria”.

No hay tragedia si no hay conciencia. Es allí donde las grandes potencias y el sistema han logrado su enorme victoria, en el desinterés.

Un desinterés que hoy tiene al mundo en un juego demente de quién oprime el botón y cuánto gana o pierde en esa apuesta. Como si alguien tuviera la certeza de que con el fin de la humanidad algunos ganarán algo. Quizás el mundo.

Mientras tanto, el sistema jurídico internacional, diseñado para proteger a los civiles durante los conflictos armados, se deshace y sigue dándole la espalda al genocidio cometido por Estados Unidos a Israel contra la población en Gaza, la destrucción de sus hospitales y sistemas de agua, innumerables ataques aéreos que convirtieron vecindarios en escombros y el asesinato de miles de civiles palestinos.

Pero ya no parece importar, nadie se ha pronunciado sobre el uso de fósforo blanco en Líbano o el exterminio del pueblo palestino en la Cisjordania ocupada. Incluso, ya tampoco parece importar el peso de la historia, ante lo que parece ser la certeza de un no futuro para la humanidad.

En medio del absurdo, se hacen declaraciones como la de Trump de acabar con una civilización amenazando a Irán. Mientras Israel aprueba por mayorías en su Congreso, una Ley de pena de muerte para los palestinos condenados por “delitos de terrorismo” dentro de un período acelerado de 90 días.

Un paso más en una estrategia de eliminación de la población palestina. En los últimos dos años y medio, al menos 87 detenidos palestinos han sido asesinados en lo que las organizaciones de derechos humanos describen como una “red de campos de tortura”, el mayor número registrado desde 1967.

También llega en un momento de violencia israelí visible e intensificada en la Cisjordania ocupada. Solo en el último mes, y en conjunto con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las milicias israelíes armadas llevaron a cabo más de 7.300 violaciones contra los palestinos, solo en Cisjordania, incluidos asesinatos, redadas, arrestos, daños y destrucción de bienes y bloqueo de la libertad de movimiento.

En los últimos meses, no solo ha aumentado la frecuencia de los ataques israelíes contra los palestinos, sino que la violencia también se ha vuelto más feroz. Entre enero y marzo, los colonos y soldados israelíes secuestraron a niños, agredieron sexualmente a hombres, incluso llegaron a atar sus genitales y desfilar por sus aldeas, y ejecutaron a las familias a quemarropa.

Ni un solo israelí ha sido considerado por estos crímenes.

Entender la ley de la pena de muerte como una política centrada solo en los detenidos es perder por completo el horizonte. Los palestinos ya están siendo ejecutados en sus propias casas y calles sin corte, sin cargos y sin período de espera de 90 días.

En esta edición del periódico El Callejero, también podrás encontrar diferentes artículos que abordan la coyuntura internacional, nacional y local.

Iniciamos con un análisis sobre el concepto de parresía, entendido como una manera de hablar con total franqueza y cómo dialoga con la trayectoria de Gustavo Petro e Iván Cepeda. También un análisis sobre lo que ha pasado con la Universidad Pública de Kennedy y lo que se viene, en términos de su administración, un llamado de alerta hacia la comunidad educativa para crear una forma propia de participación y de toma de decisiones en la universidad. Una vieja solución al mismo problema, un recorrido sobre el sistema de transporte impuesto por Peñalosa, desde el Transmilenio hasta el Metro.

También, dos textos sobre la importancia de la lectura y el arte en tiempos de realidades virtuales e inteligencias artificiales. Un análisis sobre lo que se viene para América Latina, desde lo que fue la Escuela de las Américas y hoy, el Escudo de las Américas y sus implicaciones en nuestra soberanía. Una reflexión sobre la eutanasia, una mirada al caso de Noelia Castillo en España. Y una denuncia sobre el cierre de la Biblioteca Pública La Giralda, un caso que suma a la sistemática disminución de recursos públicos de la Alcaldía de Bogotá a la cultura.

Una crónica sobre el aborto. También, un reportaje sobre un encuentro en el que se abordó el tema de los medios comunitarios y para cerrar un artículo sobre el poeta al que lo cautivó la huerta de la Biblioteca Pública de Bosa.

¡No olviden apoyar esta red de comunicación popular y comunitaria!

 

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