«El Consejo Local de Barras Futboleras: Una apuesta por la vida»

El reto fue, y continúa siendo, transformar el barrismo en una oportunidad para construir comunidad, fortalecer la convivencia y demostrar que el fútbol también puede ser un punto de encuentro para la construcción de paz 

Por: El Callejero 

 

 

A finales de los años noventa, las barras de fútbol comenzaron a consolidarse en Colombia como formas de organización juvenil. En la localidad de Kennedy, conocida también como Techotiba, jóvenes entre los 12 y 15 años empezaron a reunirse en pequeños grupos o «parches» alrededor de distintos equipos del fútbol profesional colombiano. Las barras argentinas se convirtieron en sus principales referentes, dado que en aquella época eran la experiencia más visible y más cercana del barrismo. Programas de televisión como El Aguante, constituían uno de sus principales referentes.

Durante los primeros años de la década del 2000, estas organizaciones adquirieron mayor fuerza y presencia en la localidad. Para estos jóvenes, las barras significaban mucho más que alentar a un equipo. En ellas encontraban amistades, afinidades y un sentido de pertenencia que fue dando forma a nuevas relaciones y espacios de encuentro. Sin embargo, a medida que crecieron las organizaciones, también se hicieron más visibles los enfrentamientos entre hinchadas y los conflictos que repercutían en la vida de las comunidades.

Frente a este escenario, comenzó a abrirse paso la búsqueda de alternativas a la confrontación. En 2010 se conformó oficialmente la primera Mesa Local de Barras Futboleras de Kennedy, un espacio en el que líderes de distintas organizaciones empezaron a reunirse para formular propuestas y construir acuerdos. En su etapa inicial participaron las barras de Santa Fe, América, Nacional y Millonarios; cuatro organizaciones de las seis que actualmente hacen parte de la Mesa.

Entre los acuerdos promovidos estaban la reducción de la violencia, la prevención de afectaciones a terceros, el cuidado de las familias y el reconocimiento de las instituciones educativas como espacios de respeto y convivencia. La Mesa representó así una apuesta por construir mecanismos de interlocución entre organizaciones cuyas relaciones habían estado marcadas por la rivalidad.

La dimensión de este proceso se comprende al considerar la presencia del barrismo en la localidad. Se estima que entre 4.000 y 5.000 personas en Kennedy pertenecen a alguna barra futbolera, y varios de sus liderazgos han proyectado su trabajo no solo a lo local, sino también hacia otros escenarios de la ciudad. Todo esto ha dado como resultado que aquí, en el territorio, las barras hayan sido pioneras en lo organizativo, tanto en la creación de la Mesa y del Consejo Local y, también, originales y creativas en el planteamiento de propuestas para la convivencia y la paz entre las barras. 

Hablar de “barras futboleras” y no de “barras bravas” expuso una transformación en la manera de entender estas organizaciones. No se trataba únicamente de modificar una denominación, sino de disputar el estigma asociado al barrismo y reivindicar otra relación con el fútbol: vivir por él y no morir por él. Esta perspectiva puso en el centro la defensa de la vida, la dignidad de las y los jóvenes y la posibilidad de disfrutar la pasión futbolera. Así lo menciona uno de los líderes: “hoy en día ya no nos llaman barras bravas. Somos barras futboleras que hemos cambiado esos nombres. Inicialmente sí fuimos la problemática en diferentes sectores, pero hoy somos la solución”:

La búsqueda de alternativas también exigió mirar más allá de los enfrentamientos entre hinchadas. Las dificultades de acceso a oportunidades educativas y las condiciones de vulnerabilidad que afectaban a parte de la población infantil y juvenil plantearon la necesidad de articular esfuerzos en otros ámbitos. En ese camino, la formación y la participación ciudadana adquirieron relevancia.

En el contexto nacional, la Ley 1270 de 2009 había creado la Comisión Nacional para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol, estableciendo un marco institucional para abordar estos asuntos. En Kennedy se desarrolló, durante aproximadamente tres años, un trabajo en el que participaron, entre otras personas, el patrullero Molina, la doctora Francisca de Toro y la agente Flor Combita. Entre sus propósitos estaba fortalecer el tejido social entre la comunidad, las barras y las instituciones. Para ello se generaron espacios de diálogo y participación orientados a transformar la percepción del barrismo y promover una imagen diferente de las barras en Colombia.

La formación fue uno de los pilares fundamentales de este proceso. Se logró acompañar la primera graduación de bachilleres y, posteriormente, se estableció un convenio entre la Policía Nacional y el SENA, a través del programa Jóvenes a lo Bien, convirtiendo a Kennedy en una experiencia pionera en este tipo de iniciativas. De manera paralela, se mantuvieron las reuniones de la Mesa Local y se fortalecieron los espacios de diálogo con la Alcaldía Local. Así comenzaron a consolidarse procesos orientados a la convivencia y la construcción de paz.

Otro aspecto importante fue el reconocimiento y fortalecimiento del liderazgo femenino en la Mesa Local de Barras Futboleras. Las mujeres comenzaron a asumir un papel cada vez más importante en los procesos de organización, participación y construcción de convivencia.

De la Mesa Local al Consejo Local de Barras Futboleras

En 2015, mediante el Acuerdo Local 009, se creó formalmente el Consejo Local de Barras Futboleras de Kennedy como órgano asesor y consultor del Gobierno local. Su instalación, sin embargo, tuvo lugar el 3 de junio de 2021, después de varios años de interlocución con las administraciones y las entidades, un proceso marcado por altibajos y atravesado por la pandemia.

La instalación se realizó en el Estadio de Techo, con la participación de seis organizaciones: Nación Verdolaga, Comandos Azules, Blue Rain, Guardia Albiroja Sur, Los Del Sur y Disturbio Rojo Bogotá, vinculadas a las barras de Millonarios, Atlético Nacional, Independiente Santa Fe y América de Cali. Cada organización cuenta con cuatro voceros: tres hombres y una mujer. Para la elección es la misma Mesa Local la que genera un aval, que termina siendo una hoja de vida para las personas que aspiran a postularse. Las reuniones del Consejo se programan el primer o el último martes de cada mes, que son las fechas en las cuales se convocan a las diferentes entidades.

Para quienes integran el Consejo, llegar a esta instancia representa la continuidad de un proceso organizativo anterior a su instalación formal. La experiencia acumulada por las barras y el reconocimiento entre sus liderazgos permitieron construir un lenguaje común para abordar los conflictos y gestionar el acercamiento de la oferta institucional a las organizaciones: “Llegamos con una experiencia muy amplia, ya había un lenguaje y unos actores que se reconocían, que coincidían en la búsqueda de herramientas o estrategias para mitigar la violencia o el conflicto y acercar la oferta institucional a las organizaciones, con el fin de mejorar la calidad de vida de los integrantes”.

Ese trabajo se ha traducido en iniciativas relacionadas con el acceso a la educación y la formación para el trabajo, también ha implicado la mediación en conflictos barriales y la articulación entre las organizaciones y las instituciones: “Hoy la instancia de participación del Consejo está compuesta por hombres y mujeres que le apuestan y le aportan a consolidar acciones, a construir en colectivo y a ejercer buenas prácticas en torno a la convivencia”.

No obstante, el reconocimiento formal de esta instancia no ha garantizado, por sí solo, el fortalecimiento de los procesos organizativos. Sus integrantes señalan una distancia entre la participación que se les reconoce y la existencia de planes, programas y proyectos capaces de sostener sus iniciativas. La dificultad no reside únicamente en acceder a las instituciones, sino en lograr que la interlocución se traduzca en compromisos y acciones concretas: “En realidad, los que ya entendemos la dinámica de las organizaciones futboleras y del barrismo social, sabemos que lo más importante es cuidar la vida de los integrantes, cuidar la vida de la familia y del parche. El trabajo es largo, es duro, porque no solamente es concientizar a todos los integrantes de las mesas locales de barras en Bogotá, la lucha hay que darla institucionalmente desde adentro, participando en reuniones, exigiendo programas serios, ocupando esos espacios de decisiones y de incidencia dentro de las instituciones. Porque si no, van a seguir siendo espacios donde nos reunimos, vamos, articulamos algunas cosas, las entidades van, toman fotos, llenan listados y justifican la inoperancia de sus procesos”.

La experiencia del Consejo muestra así una tensión entre la apertura de espacios institucionales y las posibilidades reales de incidir en las decisiones públicas. Para las organizaciones participar no consiste únicamente en tener un lugar en las reuniones, sino en conseguir que sus propuestas se traduzcan en oportunidades, programas y acciones sostenidas.

La barra más allá del estadio

La actividad de las barras futboleras en Kennedy no se limita al acompañamiento de sus equipos ni a lo que ocurre en los estadios. Sus integrantes también impulsan iniciativas deportivas, culturales y solidarias que las vinculan con la vida cotidiana de los barrios.

Entre estas experiencias están las escuelas de fútbol dirigidas a niñas, niños y adolescentes desde los cinco años; los campeonatos entre barras y los torneos femeninos. El trabajo comunitario también incluye acciones solidarias dirigidas a habitantes de calle, mediante la entrega de alimentos y donaciones, así como jornadas de recolección de regalos y actividades para celebrar fechas especiales, como Halloween y Navidad. Estas iniciativas muestran otras dimensiones de la organización barrista: el trabajo colectivo, la relación con los barrios y la disposición a participar en actividades que responden a necesidades de la comunidad.

¿Cómo se construye la paz entre barras?

Las barras han tenido históricamente rivalidades. Sin embargo, hoy existe un espacio en el que representantes de distintas barras se sientan en una misma mesa y trabajan sobre asuntos comunes. Eso ha implicado construir confianza entre quienes históricamente han sido rivales y llegar a acuerdos para poder trabajar de manera conjunta en el Consejo Local: “En el momento en que decidimos hablarlo personalmente, que decidimos sentarnos, no fue fácil porque la rivalidad entre nosotros era muy fuerte, nosotros vernos en la calle y tener que saber que si cruzamos un límite ya sabemos que nos vamos a encontrar es a pelear”.

Con el tiempo, el Consejo ha asumido también una función de mediación en los conflictos entre organizaciones. Sus integrantes intervienen para establecer qué ocurrió, escuchar a las partes y buscar salidas que eviten nuevas confrontaciones. Este trabajo se apoya en el reconocimiento que tienen los referentes de cada barra dentro de sus organizaciones y en la capacidad de convocar a quienes están involucrados en un conflicto. Su función es diplomática, si nos fuéramos a un referente de las comunidades étnicas, intervienen casi como un palabrero, que busca mediar en los conflictos, conciliar y evitar un escalamiento de la violencia.

Esa intermediación ya tiene un protocolo que en palabras de los propios consejeros funciona de la siguiente manera: “Se llama a los referentes que están en la Mesa Local, porque ellos son los que tienen que tener el manejo sobre sus muchachos o toda la información. Nos sentamos el día que nos toque y nos hacemos a un lado y hay una persona que está en la mitad y dice, “Bueno, ¿qué fue lo que pasó? ¿Quién tuvo la culpa? ¿Cómo fue?” Entonces, vamos investigando entre nosotros. El siguiente paso es comenzar a revisar ¿qué solución le podemos dar? En ese momento llamamos a los implicados”.

La mediación depende, en buena medida, de la legitimidad de quienes intervienen. No se trata únicamente de reunir a las partes después de un enfrentamiento, sino de aprovechar los vínculos construidos entre sus representantes para contener los conflictos y evitar que escalen: “Antiguamente en la localidad semanalmente podía haber uno o dos muertos al mes, porque era muy denso el tema de la problemática en los sectores. Había esas llamadas líneas invisibles donde cada integrante sabía hasta dónde podía caminar”.

Corredores Seguros, una estrategia de las entrañas de las barras futboleras de Kennedy

La mediación de conflictos no es la única herramienta que han desarrollado las organizaciones futboleras. En Kennedy surgió también la estrategia de Corredores Seguros, basada en la coordinación entre barras y el intercambio de información sobre las actividades que cada una programa en sus territorios.

La iniciativa busca anticipar posibles situaciones de riesgo. Cuando una organización tiene prevista una actividad en determinado sector, las demás pueden conocer esa información y tomar precauciones para evitar cruces que deriven en agresiones o interrumpan el encuentro. El propósito es proteger a los participantes y permitir que las actividades se desarrollen sin poner en riesgo a otras organizaciones: “Los Corredores Seguros son principalmente un tema de confianza, cada organización plasma en un Excel o en un documento en línea cada actividad que se va a realizar los fines de semana o entre semana para evitar que aquellos muchachos de otras organizaciones […] vayan a ser atacados o involucrados en algún caso de violencia, y que eso a su vez dañe la actividad organizada”.

El intercambio de información permite que las organizaciones conozcan sus respectivas agendas y actúen de manera preventiva. La estrategia se ha implementado también en otras ciudades, donde ha adquirido características particulares de acuerdo con las dinámicas de cada contexto.

La Semana Futbolera

En noviembre, el Consejo Local de Barras Futboleras tiene prevista la realización de la Semana Futbolera, una iniciativa autogestionada con la que sus integrantes buscan ampliar los espacios de encuentro entre las organizaciones y la comunidad. La propuesta contempla, además, plantear a la Alcaldía Local su institucionalización, con una programación y recursos asignados anualmente.

La agenda incluye conversatorios, foros, encuentros de las murgas de las barras e intervención de un mural en la avenida de las Américas, además de otras actividades con incentivos y premiaciones. La convocatoria busca reunir tanto a los integrantes de las barras como a habitantes de la localidad.

La idea es seguir incentivando ese tejido social en el cual las barras son un actor comunitario que tiene mucho que aportar en temas de convivencia y construcción de paz.

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