«Las plantas salvavidas»

Por: Diana Castro

 

 

Estamos rodeados de arquitectos diminutos llamados briófitos y, aunque no lo crean, existen desde hace millones de años. Por más increíble que parezca, son de los primeros seres vivos en habitar el planeta, incluso antes de los dinosaurios. Estos fósiles vivientes, que aún conviven entre nosotros, lejos de estar en lugares ocultos o inhóspitos, habitan sitios que frecuentamos, como las aceras, otras plantas, los troncos de los árboles, el marco de nuestra ventana o en las paredes de los edificios. Su habilidad de colonizar casi cualquier superficie les podría dar el título del Cristóbal Colón del mundo de las plantas.

Identificarlos es más sencillo de lo que parece. Básicamente por su forma particular: si observas que la planta se asemeja al pasto pero en miniatura, acabas de encontrar musgos; por el contrario, si luce parecida a un hígado o una costra, se trata de hepáticas; y, más raro aún, si su aspecto es como el de unos mini cuernos que nacen en el suelo, probablemente estás viendo a los antoceros. Solo basta con detenerse unos segundos y observar con atención para encontrar un ecosistema en miniatura en los espacios más comunes.

Más allá de su tamaño, los briófitos tienen el papel de ser constructores de ecosistemas, por lo que juegan un rol indispensable en cada lugar que habitan o que ocupan. Ayudan a restaurar suelos degradados tras incendios, sequías o actividades humanas como el pastoreo intensivo, conservando otras plantas en peligro. Además, forman nuevos suelos y hábitats; en resumen, prácticamente amortiguan la vida del planeta.

Como si fuera poco, también cumplen la función de indicar la calidad del aire del lugar donde se encuentran. Porque a diferencia de otras plantas, no tienen una capa protectora (cutícula) que los aísle de los cambios del entorno, por lo que son especialmente sensibles a la contaminación y a los cambios ambientales, por más sutiles que sean. Por eso, cuando están presentes, podemos considerar que la calidad del aire es mejor, ya que participan en la retención  del carbono, lo que a largo plazo, contribuye a desacelerar un poco el cambio climático al almacenar grandes cantidades de dióxido de carbono en sus tejidos.  Así que una buena recomendación para tus pulmones es respirar hondo cuando los veas.

Aunque pueden parecer simples o poco interesantes, los briófitos esconden características fascinantes que los hacen únicos: su habilidad para poder deshidratarse casi totalmente durante extensos periodos de tiempo, incluso años, y permanecer vivos hasta entrar en contacto, así sea mínimo, con el agua, para luego revivir y continuar con su ciclo de vida.  Otra de sus fascinantes habilidades es la capacidad de retener agua en su interior. Son unas verdaderas esponjas naturales, por eso, su importancia en los bosques y páramos, ya que ayudan a regular la humedad y prevenir daños permanentes del suelo.

También son un refugio para los huevos de muchos tipos de insectos como las hormigas, zancudos, arañas y algunas polillas, manteniéndolos húmedos y camuflándolos de los depredadores, creando un microhábitat para ellos. Incluso, para algunas aves son fundamentales para la construcción de sus nidos, porque al mezclarlos con las ramas y otros materiales, los briófitos conservan la temperatura, la humedad y la protección ideal para los huevos. La gran diversidad de especies de briófitos que existen (más de 20.000 especies en el mundo y aproximadamente 2.580 en Colombia) hace que interactúen y hagan parte del ciclo de la vida de muchos otros seres vivos.

En los últimos años, han despertado un mayor interés en la comunidad médica, por lo que se han hecho estudios sobre las bondades que estas plantas tienen, por ejemplo, en la curación y desinfección de heridas dadas sus propiedades antimicrobianas. A algunas otras especies, se les atribuye bondades antiinflamatorias. Otras son utilizadas para calmar la fiebre o dolores corporales fuertes, incluso, se han encontrado beneficios para evitar problemas urinarios, enfermedades que afectan al hígado, tratar la sarna, el acné y, las búsquedas más recientes, parecen indicar que contienen varias sustancias que pueden combatir el cáncer.

Por peculiares que parezcan, los briófitos nos han acompañado durante muchos años, no solo ambientalmente, sino también culturalmente. Existen prácticas en comunidades indígenas de nuestra Amazonía, en las que estas plantas están involucradas y son centrales en las bebidas de las ceremonias espirituales, así como en la elaboración de artesanías, adornos o elementos decorativos.

Y como si parecieran el Superman de esta historia, la facilidad que tienen los briófitos para reproducirse es increíble: sus esporas —equivalentes a las semillas de otras plantas— son tan livianas que pueden viajar grandes distancias con un pequeño impulso del viento. Esto significa que una pequeña colonia pudo haber recorrido miles de kilómetros.

Como investigadora, estas plantas cambiaron por completo mi vida. En un mundo acelerado, donde no tenemos tiempo para detenernos a contemplar lo mínimo, los briófitos me llevaron a parar y simplemente observar, desde la calma, cómo un microecosistema se conforma, se transforma y funciona. Comprendí cómo algo que suele pasar desapercibido puede ser indispensable para cientos de seres vivos, además de tener esa capacidad extraordinaria e impensable de sostener un ambiente completo, siendo esencial para el equilibrio natural.

Porque allí, en silencio y aparentemente quietas, estáticas y sin mayor significado, está ocurriendo lo más extraordinario, la vida, en su forma más pequeña, sosteniéndolo todo.  

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