«Mandato Popular por la Vida y el Territorio»
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Programa para el Sur, cuenca Tunjuelo
Por: Mandato de Soberanías Alimentarias
Un mandato es lo que ordenamos como pueblo para un territorio, una comunidad o una nación. Un acuerdo político y social por el cuidado y la protección de bienes comunes como el agua, la tierra, el alimento, la biodiversidad y el medio ambiente, que logre garantizar el derecho de las mayorías a vivir sabroso, sin el miedo y la incertidumbre cotidiana de un sistema que nos excluye y nos niega las condiciones materiales indispensables para una vida digna.
En el Sur de la ciudad, la cuenca del río Tunjuelo no es una entidad territorial constituida, pero es una realidad viva. Las aguas del río Tunjuelo recorren más de 73 kilómetros, atraviesan las localidades de Sumapaz, Usme, Ciudad Bolívar, Tunjuelito, Techotiva (Kennedy), Bosa, Rafael Uribe y cuatro comunas de Soacha. Alberga cerca de dos quintas partes de la población total de Bogotá, más de un millón de habitantes en diversos niveles de pobreza monetaria, históricamente marginados y excluidos por el modelo capitalista. Además, concentra el mayor porcent aje de víctimas del conflicto armado que ha recibido la ciudad.
Este territorio, que transita entre lo rural y lo urbano, clama desde las periferias por una organización social y por una transformación política que ponga primero a las comunidades, al campesinado que aún cultiva la tierra en Usme, Sumapaz y Ciudad Bolívar; a las mujeres que cuidan la vida en medio de la precariedad y a todos los que sabemos que el río que corre por nuestra geografía ha sido contaminado por el modelo de producción imperante, que la seguridad es una promesa incumplida y que el futuro de nuestros hijos e hijas sigue siendo incierto.
Este mandato es el fruto del diálogo con las comunidades organizadas o no del Sur: juntas de acción comunal, organizaciones de víctimas, movimientos campesinos, líderes y lideresas juveniles, mujeres cuidadoras, defensores ambientales. Recoge y busca profundizar, desde la gobernanza de las comunidades, los planteamientos del Mandato Popular por la Soberanía Alimentaria, las apuestas que propuso el Plan Nacional de Desarrollo “Colombia, Potencia Mundial de la Vida”, el programa de gobierno del Pacto Histórico, además de los Planes de Desarrollo de las localidades que conforman este territorio.
Es un mandato abierto y dinámico, para que se siga sumando y ajustando a los contextos y particularidades de los territorios que integran este Sur Tunjuelo.
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El agua y el territorio: el río como eje del ordenamiento
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El río Tunjuelo nace en el páramo de Sumapaz, desciende por Usme, atraviesa Ciudad Bolívar, Tunjuelito, Techotiva (Kennedy) y Bosa hasta desembocar en el río Funza o Bogotá. Es el segundo río más largo de la ciudad y fue la fuente para el primer acueducto capitalino.
Hoy, sin embargo, sus aguas están contaminadas y sus riberas son escenario de conflictos ambientales y sociales. Mientras el río sigue siendo utilizado como receptor de aguas negras, las comunidades que lo habitan padecen la falta de agua potable. En la cuenca fue instalado, sin pedir permiso, el botadero más grande del país “Doña Juana” y avanza una urbanización depredadora.
La cuenca del río Tunjuelo expresa con claridad el modelo capitalista y su profunda contradicción con la vida. La cuenca concentra una extraordinaria riqueza natural y social: la minería de gravas y arenas que ha contribuido a construir la ciudad; el agua del páramo y del corredor de oriente, hoy amenazada por el sionismo genocida del ente israelí; y la producción permanente de alimentos. En lo social, organizaciones comunitarias con décadas de trabajo; redes de economía popular; procesos culturales de gran vitalidad; formas de solidaridad barrial; campesinado periurbano; mercados locales; una comunicación popular y alternativa diversa y permanente; y una ciudadanía que ha convertido la participación en una práctica cotidiana.
Lejos de ser una suma de localidades aisladas, el Tunjuelo constituye un territorio articulado por una historia compartida. El río conecta los páramos de Sumapaz y Cruz Verde con las laderas de Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Tunjuelito, Rafael Uribe Uribe, Techotiva (Kennedy) y Bosa. A lo largo de su recorrido confluyen dinámicas rurales y urbanas, producción campesina y comercio popular, barrios autoconstruidos y reservas ambientales, procesos de organización comunitaria y conflictos por el uso del suelo. En ese sentido, la cuenca no es únicamente una delimitación hidrográfica, es una unidad territorial construida por las relaciones sociales que allí se desarrollan.
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Soberanía Alimentaria: sembrar vida en la cuenca
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La cuenca del Tunjuelo tiene un enorme potencial agroecológico. Usme, Sumapaz y Ciudad Bolívar son las localidades más rurales de Bogotá, con suelos fértiles y tradición campesina. La soberanía alimentaria no es solo un derecho, es una estrategia para superar la pobreza, generar empleo digno y garantizar alimentos sanos para toda la ciudad.
El Mandato Popular para la Soberanía Alimentaria parte de una intuición profundamente acertada: el alimento constituye la expresión más concreta de la relación entre la sociedad y la naturaleza. En él confluyen el agua, la tierra, el trabajo, el conocimiento campesino, la economía, la cultura y el cuidado. Garantizar el derecho a la alimentación significa, por tanto, intervenir simultáneamente múltiples dimensiones de la vida colectiva.
En la cuenca del Tunjuelo esta idea adquiere una importancia particular. El territorio articula áreas rurales productoras de alimentos con una de las mayores concentraciones urbanas de consumidores populares. Sin embargo, esa proximidad no se ha traducido en un sistema alimentario integrado. Los pequeños productores enfrentan dificultades para comercializar sus cosechas, mientras numerosos hogares padecen inseguridad alimentaria o dependen de alimentos ultraprocesados de bajo valor nutricional.
Superar esta contradicción requiere construir una política de Soberanía Alimentaria Territorial que articule producción, abastecimiento, distribución, consumo y aprovechamiento de residuos. Las compras públicas para comedores escolares, hospitales y programas sociales deben priorizar la producción campesina y las organizaciones de economía popular. Los mercados campesinos deben consolidarse como espacios permanentes y no como eventos ocasionales. Las huertas urbanas agroecológicas, las cocinas comunitarias, los fogones y ollas comunitarias y populares y las plazas de mercado deben entenderse como infraestructuras estratégicas de la ciudad.
El alimento no es solamente un bien de consumo. Es un derecho, un bien común y un instrumento de cohesión social.

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Seguridad humana y justicia social: vivir sin miedo
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La Defensoría del Pueblo emitió la alerta temprana 023-2019, advirtiendo que las dinámicas de violencia en la cuenca del Tunjuelo están relacionadas con la presencia de pandillas, grupos armados y estructuras criminales. La estigmatización de los jóvenes, la desconfianza en la fuerza pública y la falta de oportunidades alimentan la violencia. La seguridad no se construye solo con presencia policial; se construye con justicia social, educación, empleo y participación.
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Educación, cultura y participación: el poder de la comunidad
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La cuenca del Tunjuelo tiene una rica historia de organización y resistencia. Desde las luchas campesinas en Usme y Sumapaz, hasta las movilizaciones urbanas en Ciudad Bolívar y Techotiva (Kennedy), las comunidades han demostrado su capacidad de transformación. La educación, la cultura y la participación política son herramientas fundamentales para profundizar ese cambio.
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Transformación productiva y convergencia regional: cerrar brechas
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La cuenca del Tunjuelo es un territorio de contrastes, concentra riqueza natural y biodiversidad, pero también pobreza y exclusión. La transformación productiva y la convergencia regional son esenciales para cerrar las brechas históricas entre el campo y la ciudad, y entre las localidades de la cuenca.
Es urgente abrir un debate público sobre el pago de la deuda económica, social, cultural y natural que las transnacionales y los gobiernos nacionales y distritales tienen con el Sur, generado en décadas de explotación de recursos y marginalidad de las poblaciones.
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Paz y reconciliación: sanar las heridas
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La cuenca del Tunjuelo ha sido receptora de miles de víctimas del conflicto armado, personas que fueron desplazadas de sus territorios por la violencia. En sus barrios y veredas conviven víctimas y victimarios, excombatientes y exmilitares, en medio de fracturas sociales profundas. La paz no es solo la ausencia de guerra: es la construcción de un tejido social basado en la verdad, la justicia, la reconciliación y las garantías de no repetición.
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De la administración fragmentada al gobierno democrático de la cuenca
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Ninguna de las transformaciones anteriores será sostenible si las instituciones continúan interviniendo el territorio de manera fragmentada. La cuenca del Tunjuelo constituye una unidad ambiental, económica y social, pero no dispone de una institucionalidad capaz de gobernarla de manera integrada.
Las alcaldías locales planifican por separado, los presupuestos se ejecutan de forma independiente y se constituyen en un gran negocio de particulares, las políticas ambientales, económicas y sociales responden a diferentes escalas administrativas. Las organizaciones comunitarias participan en múltiples espacios sin capacidad efectiva de decisión ni una articulación que incida de manera decidida en nuestros destinos.
Esta fragmentación limita el impacto de la inversión pública y dificulta la construcción de proyectos estratégicos de largo plazo.
Por ello, se propone crear el Sistema de Gobernanza Democrática de la Cuenca del Tunjuelo, entendido no como una nueva entidad administrativa, sino como un mecanismo permanente de coordinación política, técnica y social.
El Poder de la Verdad y la Esperanza
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Este mandato es el resultado de la escucha atenta, del diálogo con las comunidades, de la convicción de que los cambios profundos solo son posibles si se construyen desde los territorios. El Sur cuenca Tunjuelo ha sido golpeado por la violencia, la pobreza y el abandono, pero también ha sido cuna de organización, solidaridad y dignidad.
Las comunidades que han sostenido estas redes de solidaridad no pueden limitarse a ser consultadas cuando las decisiones ya han sido tomadas.
El desafío consiste en construir una democracia territorial donde la ciudadanía participe desde la formulación de las políticas, su ejecución, seguimiento y evaluación. Esto implica fortalecer presupuestos participativos, consejos territoriales, control social, organizaciones comunitarias y nuevos espacios de deliberación sobre el futuro del Sur cuenca Tunjuelo.
La democracia deja de ser entonces un procedimiento electoral para convertirse en una forma cotidiana de producir territorio.
El cambio que necesitamos no vendrá de arriba, vendrá de abajo, de las comunidades que día a día defienden el agua, la tierra, la vida.
Este mandato es una hoja de ruta para profundizar el cambio en la cuenca del Tunjuelo. Es una invitación a las comunidades organizadas a que asumamos el protagonismo de nuestro propio desarrollo.
Porque el cambio no es un regalo: es una conquista. Y en este Sur, en esta cuenca, como en toda Colombia, el pueblo ha demostrado que cuando se organiza, cuando se moviliza, cuando exige sus derechos, nada ni nadie lo detiene.