«Mujeres en el reciclaje: Una Opción Digna»

Por: El Callejero 

 

La Asociación de Mujeres en el Reciclaje una Opción Digna (ASODIG) cuenta hoy con 85 asociados, entre hombres y mujeres. El nombre de la asociación responde más que todo a un ejercicio de memoria, un homenaje a las 26 mujeres que hace más de 34 años encontraron en el reciclaje una opción digna para vivir, sostener a sus familias y contribuir a la comunidad. De esas primeras mujeres hoy solo queda Isabel Martínez. El camino ha sido largo, pero la memoria de Isabel es prodigiosa, su voz es clara, su mirada es transparente y de vez en cuando se le escapa una sonrisa, cuando recuerda esas cosas que de pronto hace veinte años eran impensables. Isabel nos contó todo, cómo inició la asociación, el barrio, cómo se organizaron y con esa sinceridad, que caracteriza a las personas sensatas, no solo nos contó las cosas bonitas del proceso, sino también los momentos difíciles que han tenido que afrontar.

ASODIG está ubicado en la localidad de Bosa, en el barrio Brasil. Allí llegaron hace casi 30 años, 350 familias reubicadas de Los Comuneros, vereda que se encontraba en lo que hoy se conoce como la zona industrial de Puente Aranda, Isabel recuerda que: “El alcalde menor de Puente Aranda y los industriales se reunieron, consiguieron un dinero y nos dieron para los lotes. Llegamos 350 familias, nos echaron en unos furgones de a cinco familias y nos trajeron aquí. Cuando llegamos no había agua, no había luz, era un potrero, alrededor había solo hortalizas. A los días, el alcalde nos trajo madera, tablas, tejas y también nos trajo recebo porque esto aquí era un hueco, el terreno era muy hundido, ahí comenzamos todos e hicimos ranchitos”.

Un jardín

En esas precarias condiciones, estas familias que se dedicaban al reciclaje, continuaron su oficio: “La mayoría éramos recicladores, reciclábamos en zorras esferadas, porque no habían zorros; en zorras esferadas y en zorras de caballo, al llegar aquí los que tenían zorro de caballo se desplazaban hasta Trinidad Galán, hacia el centro, porque cuando llegamos esto era una vereda, no era como hoy en día que ya nos cogió Bogotá, para ir a la tienda nos tocaba hasta Britalia o hasta La Libertad”, asegura. Isabel y otras mujeres comenzaron a notar que la mayoría del tiempo los ranchos quedaban solos, las mamás se iban y dejaban a los niños encerrados durante todo el día. Entre Isabel y otras seis mujeres del barrio comenzaron a cuidar a los niños de casa en casa, no tenían cinco niños, ni diez, sino cerca de sesenta niños. Isabel se ríe cuando nos cuenta que tenían sala cuna porque: “Cuando eso no sabíamos que eso era sala cuna, teníamos niños pequeñitos y más grandecitos”. Primero, tuvieron que invadir un lote, un pedazo del parque y comenzaron a pedir los servicios legales, hicieron su alcantarillado provisional, construyeron diferentes salones, cocina, lavaderos y continuaron cuidando a los niños, ya no en las casas, sino en un espacio cada vez más digno: “Toda la comunidad firmó el acta e invadimos el lote, pero con el tiempo vino don Rivera que era el dueño del terreno, con él ya habíamos negociado en $300.000 pesos, le dimos $150.000 pesos y como no le volvimos a dar plata, perdimos los $150.000. Ya después llegó y dijo: ´Mire, yo ya me voy a morir negociemos esto´. Nosotros dijimos sí, mire los otros 150.000. Pero él dijo no, me dan tres millones de pesos, entonces nosotros fuimos y le llevamos los tres millones hasta donde él vivía, que era allá afuera de Bogotá y se hicieron las escrituras a nombre del barrio”, cuenta Isabel. Mientras tanto, ya venían trabajando de la mano con el Grupo de Apoyo Pedagógico: “Era una ONG que ayudaba principalmente en Bosa, nos mandaban una psicóloga, una nutricionista, una doctora, entonces los niños tenían talla, peso, tenían comida nutritiva, teníamos pedagogía”, afirma. También recibieron apoyo por parte de la Alcaldía Mayor: “Nos mandaba bultos de comida, por cantidad, mercado de plaza y nos construyeron el jardín con sus diferentes salones, con sus baños, con la cocina y con todo bien adecuado”, asegura.

Una Asociación de Reciclaje

Seis mujeres habían conseguido brindarle otra oportunidad a los niños y a las madres de familia de esta comunidad, al gestionar y luchar por un espacio digno y seguro que mejorara sus condiciones de vida. Pero había algo que aún no funcionaba, Isabel cuenta que ellas seguían sin recibir un sueldo, entonces: “Dijimos no, pero si nosotras somos recicladoras, miremos qué más hacemos y comenzamos el proyecto del reciclaje. Eso fue hace 26 años, en 1987 que llegamos nosotras acá y ya después como a los dos años, tres años iniciamos con el proyecto del reciclaje, entonces convocamos a las demás mujeres del barrio. En total 26 mujeres llegaron a las reuniones”. El proceso no fue fácil, entre estas mujeres y estas familias existían problemas e inconvenientes que terminaban como dice Isabel en “agarrada de cabellos e insultos”, afortunadamente tenían a la mano el apoyo de la ONG y de la psicóloga que les ayudo a sobrellevar estos conflictos y a continuar con el proceso: “Como éramos solo mujeres le pusimos Asociación de Mujeres en el Reciclaje una Opción Digna, porque decíamos que el reciclaje era digno para nosotras y ya comenzamos con el Ministerio de Educación, Ministerio de Minas, la Dian, tuvimos mucho apoyo. Comenzamos a capacitarnos para dar talleres de separación de residuos, nosotras íbamos a los salones comunales, a los diferentes sitios y dábamos la capacitación de separación de los residuos sólidos y recogíamos el material. Con el paso del tiempo, nos dimos cuenta que nos tocaba pagar el arriendo en un lote, para que nos dejaran guardar el material, nos tocaba pagar acarreos y no hacíamos plata; hacíamos para pagar los acarreos, para pagar el arriendo, pero para nosotras no quedaba casi nada, para ese tiempo $2.000, $3.000 pesos, entonces nosotras dijimos no, nos toca comprar una bodega. En ese momento fue cuando vino una muchacha de mujeres católicas de España y ella vio el trabajo que hacíamos con los niños y nos mandó un dinero para que nosotras nos bonificáramos, de a $30.000 pesos, que nos bonificáramos mensual, ella reunió entre sus amigos allá en España y nos mandaba el dinero y nos mandaba ropa también. Entonces, ya nosotras dijimos no, pero nosotras pagando arriendo, entonces compramos este lote de aquí en $650.000 pesos y ese lote de allá lo compramos en $800.000 pesos, pero eso hace tiempo, más o menos hace unos veinte años y ya comenzamos nosotras a trabajar en la bodega, ya no teníamos que pagar arriendo”. Con ASODIG hubo momentos de caídas y de volver a iniciar el proceso, para ese tiempo mucha gente vendió los lotes y se fue, eso, después de mucho tiempo representó casi el cierre de la asociación, lo que abrió pasó a otro proceso, a otra oportunidad.

Una microempresa

Isabel tenía su camión y con él se abrieron las puertas para iniciar un nuevo proceso en Zona Franca: “Ahí fue donde se nos dio como el minutico de hora que se le da a uno como empresario”, afirma Isabel, con el proyecto de Zona Franca se ganaron el premio Proyecto productivo de mujeres para mujeres. Lo que hicieron en Zona Franca fue una idea de contraprestación de servicio, las empresas de la zona les entregaban todos los materiales reciclables y ellos se comprometían a mantener Zona Franca limpia, pero de esa oportunidad hicieron algo más grande, porque aprovecharon los materiales orgánicos para hacer compostaje, abonos, lombricultura y comenzar a sembrar: arveja, papa, maíz; también crearon un taller de carpintería, gracias a toda la madera que lograban recoger; y realizaban todo el procesamiento de plásticos y cartón, fueron ocho años que, como dice Isabel lograron mejorar considerablemente la calidad de vida de los asociados. Años después llegaron los hijos de Uribe, Tomás y Jerónimo Uribe, quienes desplazaron a la asociación. El resultado de este cambio fue que, el proceso que habían iniciado los recicladores, no solo el procesamiento del material, sino todo el emprendimiento que había sido reconocido por el Distrito, se vino abajo. Por más que se realizaron tutelas y se intentó visibilizar el problema, incluso ante el Congreso, nadie hizo nada. Al día de hoy el proyecto sigue siendo de Tomás y Jerónimo Uribe, con su empresa Ecoeficiencia S.A.S.

Una vida de trabajo con la comunidad 

Isabel retomó su proceso en ASODIG, hoy son una gran cantidad de asociados, donde las mujeres siguen siendo protagonistas. Hoy en día, además de Isabel, se encuentran las herederas del reciclaje, sus hijas, sus nietas y otras jóvenes mujeres, hijas de madres y padres recicladores.

En la actualidad estos hombres y mujeres tienen pequeños proyectos productivos como la elaboración de gorras y bolsos con material recuperado, así como las capacitaciones que se adelantan en diferentes espacios con la comunidad para que aprendan a realizar una correcta separación de residuos y otras actividades que realizan de la mano con diferentes entidades de gobierno. Isabel aún tiene la energía y la fuerza para emprender muchos caminos, en el tintero se queda esa idea hermosa que emprendió hace unos años que se llamó SER MUJER y que fue pensada como un hogar de paso para las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar, una casa que fue construida por mujeres y para mujeres. En la actualidad quiere retomar algunos proyectos, sabe que, en esta ciudad, que ya parece completa y terminada, aún queda mucho por hacer con las comunidades. Por eso sabemos que hay Isabel para rato y que cada vez que volvamos a dialogar con ella siempre habrá nuevas cosas que aprender y que contar de toda una vida de entrega a la comunidad.

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