«Soundriver, transformando realidades»

Por: Ana María Castellanos

 

 

Soundriver como colectivo nace en el año 2010, como una iniciativa de jóvenes artistas, muy centrado en la profesionalización de la escena rap y hip hop. Aproximadamente en el 2014, ya se comienza a hablar de procesos artísticos y culturales en la localidad de Kennedy y fue así como se iniciaron múltiples líneas, entre ellas una gestada, liderada y producida por las mujeres del colectivo.

Fue allí donde surgió Mujeres Transformando Realidades. Como lo cuentan Catalina Chala y Lorena Grajales, con presentaciones de teatro, y también musicales abordaron un tema latente y, desafortunadamente, muy común en la vida cotidiana de las mujeres: El acoso callejero. La idea de esta iniciativa era sensibilizar a las personas de la localidad sobre la problemática y su prevención. En ese momento, los índices de acoso sexual en el transporte público, particularmente en el TransMilenio, seguían en aumento. Esta primera versión contó con el apoyo del IDPAC, y a partir de aquí surgieron más proyectos, siempre con un elemento en común: La juntanza de las mujeres.

En aras de abrir más espacios, en el 2022, Mujeres Transformando Realidades, vio la oportunidad de llegar con una propuesta sólida a las iniciativas que venían fortaleciendo procesos de organizaciones y colectivos de mujeres en la localidad, y le apostaron a la idea de visibilizar a las mujeres artistas del hip hop, haciéndolo en un formato más profesional, con un equipo de trabajo conformado en un 90% por mujeres, fueron ellas las directoras, las ilustradoras, las productoras musicales y de video, para la vinculación de doce mujeres artistas que serían producidas musical y audiovisualmente por el equipo, para llegar a unos productos concretos, un CD prensado, doce videoclips y un gran evento, todas estas acciones encaminadas a hacerlas visibles y a generar ruido, en un principio, en la escena local.

Tanto Catalina como Lorena coinciden en que, el proceso de selección de las doce artistas no fue nada fácil, recibieron cerca de setenta postulaciones de mujeres muy talentosas: “Fue difícil, porque había muchas destacadas. De hecho, hay muchísimo talento en el hip-hop de parte del género femenino”. Finalmente, la composición y la integralidad de cada artista fue lo que sumó puntos y les permitió hacer parte de este proyecto que recogió tanto a mujeres de larga trayectoria como emergentes, esto permitió que, en palabras de Catalina, se confabulara un resultado muy interesante, entendiendo que las mujeres también pueden hacer grandes cosas dentro del género.

De hecho, un elemento que querían transformar con esta iniciativa es el imaginario que persiste de que el hip hop es un universo masculino: “Entonces las mujeres somos las que acompañamos al hombre al evento, las que estamos ahí mirando, las musas, la inspiración, pero no hay ese protagonismo. Eso sí se ve mucho en el campo del hip-hop”. 

Finalmente, las doce artistas seleccionadas fueron: La Wera Deejay, Andrea Serna, Desnivela Mc, Maquifera, La Cien, Chelo Hop, Una Espelita, Mc Meya, Slyka, Ajala La Necia, Camila Segura y Asenav. Un equipo de mujeres bastante diverso conformado por grandes artistas del hip hop, algunas de ellas con experiencia como tornamesistas, gestoras culturales, pioneras en el freestyle, pedagogas, feministas, mamás, artistas del graffiti, muralistas y más.

Este compilado musical de Mujeres Transformando Realidades fue grabado con la ayuda del estudio Link6 Music, el cual lidera Catalina, y donde se especializan en la creación de beats y de instrumentales. El estudio está ubicado en El Tintal y fue allí y bajo su liderazgo, donde se grabaron las doce canciones, en un espacio donde no fueran violentadas, subestimadas o invisibilizadas, un espacio seguro. Diana Osorio fue la ilustradora, con ella dialogaron sobre la propuesta gráfica que querían para el proyecto, el objetivo era: “pensarnos algo que lograra transmitir esa fuerza femenina y de ahí salió este hermoso arte’’.

Otro de las trasgresiones que querían lograr con esta iniciativa era poner en tela de juicio esos cánones de belleza que se imponen sobre el cuerpo femenino, cosificado por la industria del hip hop, lo que convierte, en un principio, el físico de las artistas en un obstáculo para su reconocimiento: “Si tú eres mujer, tienes que salir, cantar, bailar, verte súper linda. Tienes que tener, mejor dicho, de todo. Pero sale un hombre y solamente con pararse y cantar, ya es el mejor rapero del mundo. Los puntos de calificación son muy injustos. Es muy evidente que se nos exige más sólo por ser mujeres”.

El festival se llevó a cabo en el parque de Techo, allí se repartió y se vendió todo el merchandising que generaron: camisetas, vasos y cds. Otro de los fines del festival era que cada artista pudiera visibilizar su carrera y su talento, y se logró a partir de su participación en la tarima, para cantar, pero también para tener una voz y un mensaje claro frente a la sociedad.

Este álbum ya está disponible en Spotify y eso ayudó a que las artistas empezaran a sonar más. Por otro lado, este proyecto también contribuyó a profesionalizar su arte, pues les enseñaron sobre el negocio de la música, cómo manejar plataformas más allá de YouTube, y aprovechar las herramientas digitales.

Procesos sociales

Otro proceso que ha marcado esta nueva faceta de Colectivo Soundriver, ha sido el trabajo que vienen desarrollando en la localidad de Usme, en una zona llamada Rincón de Bolonia. Allí, a partir de una beca se comenzó a desarrollar un proyecto liderado por el colectivo, quienes, al ver el abandono estatal, lograron identificar múltiples necesidades de la población que habitaba en estas viviendas (VIPS). Quienes viven en estos espacios, han sido víctimas del conflicto armado, reincorporados o personas en condiciones de alta vulnerabilidad. El proceso de reparación del Estado se limitó a hacerles entrega de la vivienda, olvidando que para una vida sea digna se necesita más que un techo y cuatro paredes. Por ejemplo, el mejoramiento de las vías de acceso, escuelas, centros de salud, entre otro tipo de infraestructura.

Viendo todo el panorama en el que se encontraba la comunidad, notaron algo respecto a las mujeres: “nos dimos cuenta que muchas de las mujeres que habitaban ese espacio solo se dedicaban a los oficios domésticos y no trabajaban. Entonces, tenían, primero, una dependencia económica, había también casos de violencias intrafamiliar y, cientos de depresión o ansiedad que, con el tema de la pandemia, se agudizó mucho más. vimos la necesidad de hacer este proyecto allá, y lo iniciamos con una escuela de cuidados”.

La escuela de cuidados incluía hacer varios encuentros con el propósito de abordar el tema de la autoestima y de bienestar y la idea era, como ellas mismas lo mencionan: “encontrar ese bienestar real”, que tiene mucho que ver con el trabajo en comunidad que se fortaleció con los diferentes espacios que propusieron alrededor de la música y del alimento, apenas una excusa para que se reconocieran entre ellas.

Las mujeres de Colectivo Soundriver, desde estos procesos y desde sus iniciativas personales, siguen abriéndose camino en el intrincado, y pedregoso sendero de una sociedad que, aunque se viene dando discusiones y abriendo el debate acerca del género, sigue siendo machista. He ahí la validez de estos procesos que, a través de la dignificación, del trabajo y la visibilización del talento de las mujeres, logra la creación de nuevos espacios para el cuidado.

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