«Editorial»

Por: El Callejero

 

 

En el mundo soplan vientos de guerra, es una expresión que seguramente ha sido utilizada desde hace siglos, desde el origen del hombre, desde esa época remota en la que el ser humano decidió desistir de su razón y se dejó llevar por sus instintos innatos, ese momento en el que las diferencias entre uno y otro homínido, idénticos en su forma y al parecer irreconciliables en su esencia, decidieron hacer prevalecer la fuerza y trivializaron el valor de la vida.

Y es que los vientos de guerra actuales se mueven en ambos niveles, en lo micro, que abarca las relaciones interpersonales y las sociales cercanas y se ven reflejadas en el aumento de la violencia intrafamiliar, en la violencia que se vive al interior de los países, en las ciudades e incluso en los pueblos con razón de múltiples situaciones, la ambición, la más común de ellas, mediada de forma evidente por la pobreza y la desigualdad. Una guerra de individualidades en un principio y luego pequeñas colectividades que van creando escenarios de conflicto, territorios de guerra continua que generan zozobra y angustia constante.

Por otro lado, los niveles macro, esos que llevan a la tragedia a sociedades enteras, que arrastran a la destrucción de la civilización y que hacen perder la esperanza en las ideas de progreso. Esas guerras pululan en la actualidad en situaciones de tensión, de amenaza y luego de acción que tienen hoy al mundo en dos grandes enfrentamientos el de Rusia y la OTAN, entendiendo que Ucrania es apenas una ficha en el ajedrez y el de Israel y la Franja de Gaza, que encubre a su vez una enorme cantidad de intereses disfrazados y de conflictos escondidos más allá de esas fronteras.

Los vientos de guerra que soplan y se extienden por el planeta entero como las arenas del Sahara o las semillas de la Amazonía son una realidad que el mundo presencia en HD y en 4K sin poder hacer nada. La Corte Internacional de Justicia no puede hacer, ni las Naciones Unidas, ni las cientos de conferencias de seguridad que gastan miles de millones en sus protocolos y organizaciones pueden hacer nada, ni los líderes mundiales, nadie al parecer puede hacer nada para garantizar la vida; entonces haber visto los campos de concentración y haber pasado al frente de las miles de personas muriendo no habría hecho la diferencia, porque no se podía hacer nada y eso de una u otra forma quebranta aún más las bases frágiles de la construcción social de lo que es la humanidad.

Sobre esto se refirió Petro hace unos pocos días, como primer invitado de un país suramericano en la Conferencia de Seguridad de Munich y allí habló sobre esa pulsión de muerte que hoy rodea a la humanidad: “Esa sensación de extinción, de que se acabó la idea del progreso, nos puede llevar o a la barbarie. Estamos viendo un genocidio indirecto y no podemos hacer nada, o somos cómplices con él, es apenas el comienzo, no es la solución final, es el comienzo que todos los países en el sur podemos comenzar a vivir”, expresó el presidente, dando a entender que el no parar la guerra, significa que, en cualquier momento, cualquier país puede ser el que termine bajo las mismas condiciones de opresión y de genocidio.

El 20 de febrero, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas vetó un proyecto de resolución presentado por Argelia en nombre de los Emiratos Árabes, en el que se exigía “un alto al fuego humanitario inmediato que debía ser respetado por todas las partes en la Franja de Gaza”. Para ser adoptado, el proyecto debía recibir al menos nueve votos a favor y no ser vetado por ninguno de los estados miembros permanentes del Consejo (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos). La propuesta recibió 13 votos a favor, el voto de Estados Unidos en contra y Reino Unido se abstuvo de votar.

Esta edición, como casi todas, es un llamado al análisis de las situaciones globales, nacionales, distritales y locales, y es una propuesta en la que se cambia la perspectiva, el discurso y la mirada sobre hechos que han sido ampliamente abordados en los grandes medios de comunicación, pero esto no significa que han sido planteados desde la verdad absoluta, sino de una sola mirada repetida y amañada desde sus enormes micrófonos. Nosotros y nosotras reproducimos una más pequeña, más personal, igual de sesgada, pero más real porque no beneficia a nadie, más que a nuestro deseo de querer exponer lo que hemos tenido la oportunidad de comprender siendo testigos e intérpretes de esta realidad.

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