«El disfraz»

Por: Fernanda Sánchez

 

 

Hace más de 2.000 años, Esopo, inventor de historias y recopilador de la tradición oral, se ingenió una fábula en la que un lobo desesperado por poder comerse a las ovejas, decide disfrazarse como una, para pasar desapercibido, camuflarse entre ellas y ya estando allí, hacerlas presa fácil. Fue tan extendida la historia que quedaron acuñadas expresiones como “lobo disfrazado de oveja” o “piel de oveja” para referirse a quien intenta engañar a los demás haciéndose pasar por lo que no es.

Hoy la fábula cambia de protagonista, pero la estructura es la misma. Un ser decide disfrazarse de tigre para camuflar su maldad y así pasar desapercibido entre las gentes que al verlo dudan incluso de su capacidad mental o de su veracidad y lo deja entrar en el redil.

Sin embargo, el disfraz esconde no solo su carencia de moral y sus malas intenciones, sino verdaderas señales que deberían preocupar a quienes lo ven como una opción presidencial.

Abelardo de la Espriella es un abogado nacido en Bogotá, pero cuya vida política se ha forjado en el caribe colombiano, específicamente en Montería. Hasta hace pocos meses era un personaje turbio de la vida política, más fácil de identificar por contenidos en redes sociales, por la venta de ron, la promoción de sus marcas comerciales y su aparición en la pantalla grande representándose a sí mismo y promoviendo a través de mentiras la campaña de expectativa de una serie de Netflix. Pero eso sería lo que hace en su tiempo libre, el prontuario de investigaciones a su alrededor tiene implicaciones mucho más serias.

En el año 2005, en pleno acuerdo de Ralito, durante el gobierno de Uribe, apareció como representante de la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ) que organizó foros en universidades con la intención, presuntamente, de adoctrinar jóvenes en favor de la causa paramilitar y también impulsó un referendo para prohibir la extradición en Colombia, en la misma época. Sobre estos hechos la Fiscalía abrió investigaciones por concierto para delinquir y lavado de activos, pero la investigación precluyó bajo la dirección de Mario Iguarán, cercano al “tigre”.

También ha sido acusado por David Murcia, por el robo de más de 5 mil millones de pesos que le fueron entregados como parte de honorarios para su defensa, la cual dejó tirada y al parecer comenzó a trabajar presuntamente de la mano de figuras desde el mismo Estado para encarcelarlo y evitar la indemnización de las víctimas. Entre sus clientes también se encuentra Alex Saab, hoy extraditado a los Estados Unidos, por lavado de dinero y por ser testaferro de Nicolás Maduro. De Saab fue abogado, pero presuntamente también recibió transferencias y consignaciones provenientes de sus empresas privadas.

Así mismo ha sido abogado de otros personajes cuestionados, lo cual no parece nada extraño para un personaje que en medios públicos se ufana al afirmar que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. También, se ha hecho evidente en esta campaña presidencial su racismo, machismo y la incomodidad que siente frente a la libertad de prensa.

Elegir a un estafador disfrazado de tigre representa varios riesgos para el país, ojalá que en esta fábula se cumpla la moraleja y que en su intento de engañar sea “El malhechor quien sufra las consecuencias de su propio engaño”.  

 

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