«Un ave siniestra se cierne sobre Abya Yala»
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Por: Luis Eduardo Tiboche
En los años 50 del siglo pasado, desde los Estados Unidos se impuso en el continente americano la “Doctrina de Seguridad Nacional”, la cual planteaba que con el control militar se garantizaba la seguridad de las sociedades, se combatían las revoluciones y se avanzaba en el desarrollo de las sociedades capitalistas de este lado del planeta. Esta doctrina se implementó en plena “Guerra Fría” y se sustentó en una política abiertamente anticomunista que además sirvió para aislar al gobierno revolucionario cubano.
Tuvo su desarrollo e implementación a través del Plan Cóndor, el cual vio la luz oficialmente en el año 1970, permitiendo a los ejércitos del continente intercambiar información y trazar planes y acciones para aniquilar a todos los que consideraban “enemigos internos”.
Un instrumento clave en toda esta imposición imperialista fue la creación de la “Escuela de las Américas”, fundada en Panamá en el año 1946, desde la cual se comienzan a formar a las cúpulas de los ejércitos del continente en técnicas de contrainsurgencia y anticomunismo. Desde allí, se organizaron y dirigieron los diferentes golpes de Estado que sufrieron nuestros pueblos en esas décadas. Esta escalada se inicia con el golpe de Estado contra el gobierno progresista de Jacobo Árbenz en Guatemala en el año 1954, ejecutado por la CIA y orquestado desde la United Fruit Company, la misma empresa bananera gringa que propició la Masacre de las Bananeras en nuestro país; continúa con el golpe militar contra Joao Goulart en 1964 en Brasil y posteriormente contra Salvador Allende en Chile en 1973. Los golpes militares de Videla en Argentina, Alfredo Stroessner en Paraguay y Bordaberry en Uruguay, fueron orquestados por las burguesías de cada uno de sus países, desde donde lideraron con mayor fervor la doctrina del Plan Cóndor.
Los ejércitos de América Latina, en este periodo, cometieron miles de asesinatos, violaciones a los derechos humanos y obligaron al exilio a miles de latinoamericanos; para garantizar la permanencia de gobiernos cipayos y entreguistas, además de permitir el saqueo de los recursos y el control por parte del imperialismo gringo.
En nuestro país, la expresión de esta doctrina se dio a través del “Estatuto de Seguridad Democrática” promulgado por el expresidente Turbay Ayala, en un gobierno marcado por la persecución, las desapariciones, las torturas y el asesinato contra todos aquellos que fueran considerados opositores o subversivos. Las caballerizas del Cantón Norte en Usaquén se convirtieron en un tenebroso centro de torturas del régimen.
Y en este siglo, tomó cuerpo en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez con su doctrina de “Seguridad Democrática”, que se tradujo en la ejecución de 6.402 jóvenes acusados de ser guerrilleros; miles de campesinos asesinados, desplazados y despojados de sus tierras por bandas paramilitares ligadas al narcotráfico y formadas por los sionistas del ente genocida de Israel (una muestra es Jair Klein) con la participación directa del Estado a través del aparato militar y la clase política en el gobierno.
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El Escudo de las Américas la nueva fachada del Plan Cóndor
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El imperialismo en un ciclo de decadencia creciente ha adoptado, sin tapujos, una política fascista y genocida desde la que perpetra un ataque sistemático contra diferentes pueblos a lo largo y ancho del planeta. Tiró por la borda y pisoteó la estructura de normas y acuerdos que los gobiernos habían construido pasada la Segunda Guerra Mundial. Los diferentes organismos internacionales, empezando por la ONU, son hoy una veleta en un mar de la crisis global en la que se sume la humanidad, empujada por Estados Unidos e Israel, una élite global que ya se denomina abiertamente “la élite Epstein”.
En el marco de la “Estrategia de Seguridad Nacional” de Estados Unidos lanzada en 2025 y en la Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada el 13 de febrero del presente año, el representante Marco Rubio anunció que la tarea de los gringos es: “salvar a Occidente” y conminó a los países de Europa, a través de la OTAN, a sumarse a esta tarea. Aseguró que Estados Unidos tiene la misión de preservar el hemisferio occidental como su escenario natural de poder y, de la mano de Israel, trabajarán en esta misión, que hace parte de la política de volver a hacer una “Norteamérica grande y poderosa”.

Como muestra de su política criminal se atacó al Estado Soberano de Venezuela y se secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores; mientras en el Caribe y el Pacífico se asesinan a pescadores acusados de ser terroristas y narcotraficantes.
Fue, justamente, en una propiedad del presidente Trump, donde se convocó a una reunión de los presidentes latinoamericanos afines al régimen gringo, presidentes lacayos y funcionales al modelo que se busca imponer en el continente.
Este encuentro, celebrado en Miami el 7 de marzo, se denominó: “Escudo de las Américas”, y con él se pretende consolidar el dominio gringo, en lo que Trump y Rubio consideran como su zona de influencia en el hemisferio occidental y se consolida como una avanzada sobre América Latina, en una política de repliegue frente a la derrota estratégica que están sufriendo en el Asia Oriental.
El “Escudo de las Américas” estará dirigido por quien manejó, hasta hace pocos días, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE) y congregará a los presidentes de Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, el Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Chile.
En esencia, constituye el lanzamiento de un nuevo Plan Cóndor, un proyecto militar de imposición para las Américas, con la excusa de combatir los carteles del narcotráfico, declarados organizaciones terroristas; prevenir la inmigración ilegal y hacer más seguro el hemisferio occidental. Todo esto, planteado además como una extensión de la doctrina Monroe que se puede resumir en el postulado “América para los americanos”.
Esta doctrina busca consolidarse en el continente con el apoyo del gobierno del “libertario” Milei, quien está sumiendo al pueblo argentino en una profunda crisis social y económica, (además de declararse el sionista más grande del planeta y declararle la guerra a Irán). Con el nuevo presidente chileno, Antonio Kast, abiertamente nazi y quién ya inició el retorno de recortes sociales y libertades en esa nación. Con el respaldo de Bukele en Centro América, quien convirtió la nación salvadoreña en una gran cárcel y un negocio internacional con las vidas de miles de seres humanos. Y el presidente Noboa de Ecuador, acusado de ser un narcotraficante a través de las empresas bananeras de su familia.
Justamente, Ecuador parece constituirse en la punta de lanza del imperialismo norteamericano para desestabilizar a Colombia. Desde el mes de enero del año en curso se han denunciado decenas de asesinatos de colombianos a través de bombardeos a “campamentos de narcotraficantes” en la frontera, cometidos por fuerzas estadounidenses y ecuatorianas. Acciones que se suman a la guerra arancelaria contra Colombia impulsada por el presidente de ese país, que además busca tapar una crisis profunda de violencias generadas por los narcos y una situación económica que afecta a la inmensa mayoría del pueblo ecuatoriano.
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Un plan contra los pueblos y los gobiernos progresistas
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En la mira del imperio están los gobiernos que mantienen modelos progresistas que, aunque disímiles, buscan poner cara frente a la nueva doctrina: México, Brasil, Colombia, Nicaragua y en un vaivén aún no tan claro Venezuela. Y, por supuesto, Cuba contra quién se ha extremado el bloqueo, y al cual Trump amenaza con tomarse en cualquier momento.
Podríamos asegurar que si Cuba cae, caeremos todos en América Latina.
En un mundo en el que el hegemón en decadencia ha sumido al planeta en caos, la resistencia y el futuro están en la conciencia, la lucha y la movilización de los pueblos. Hoy es más urgente que nunca garantizar la continuidad de un gobierno progresista y trabajar por profundizar las luchas por los derechos, en contra de la avanzada fascista que representan las figuras del Centro Democrático y demás yerbas.
Tal vez, por hacer parte de la “zona de influencia” del imperio y sus élites Epstein sufriremos mayores crímenes y buscarán humillarnos y derrotarnos, pero al final la victoria será de la vida y de los pueblos contra el oscurantismo de un modelo económico, político y cultural ahistórico.
A la final el Jaguar se impondrá al águila imperial, hoy desplumada en varias partes del planeta por la lucha de los pueblos.